El Escuadrón Suicida de James Gunn.

Luego de su paso por salas argentinas llega a HBO Max la nueva película basada en los comics de DC, esta vez de la mano del director de Guardianes de la Galaxia.

John Cena e Idris Elba protagonizan esta nueva entrega del Escuadrón Suicida

Luego del fracaso de Suicide Squad de David Ayer en 2016, el público (fundamentalmente los fans del cómic) requería una nueva versión de los célebres personajes de DC. Sacarle el jugo a Harley Quinn, Rick Flag y Amanda Weller exigía una reescritura para potenciar el valor de esos personajes dentro del universo DC y relanzar la franquicia. Que mejor que la mano de James Gunn y el antecedente de sus Guardianes de la Galaxia, con su inyección de ciencia ficción extraña y una gran dosis de humor en el UCM. Pero acá es diferente, el hombre que comenzó su carrera en la factoría Troma, pero debutó como director con películas como Slither, un festín de basura Clase B; continuó con la bizarra y extraña Súper (está en Amazon Prime Video), ha encontrado el hogar perfecto para mezclar de forma gloriosa su gusto por los marginados con el gore, el rock clásico y el humor grosero.

Al igual que la primera película, la trama involucra a un grupo de convictos de cómics con superpoderes que son presionados para prestar servicios en misiones suicidas, bajo el mando de Amanda Waller (Viola Davis). Esta vez, infiltrándose en una isla de América del Sur llamada, Corto Maltese (¿referencia a la historieta de Hugo Pratt?), con el fin de eliminar una junta militar recién instalada luego de un golpe de estado, liderada por un romántico Presidente Silvio Luna (Juan Diego Botto)y el Mayor General Mateo Suárez (Joaquín Cosio). La razón principal es que, además de tomar el poder por la fuerza, los golpistas se apoderan de una peligrosa arma de destrucción masiva, el proyecto Starfish, el cual es dirigido por el científico Gaius Grieves/The Thinker (Peter Capaldi).

La película se abre con una salvaje apertura salvaje de asalto a la playa que parece salida de Rescatando al Soldado Ryan. Cuando un equipo liderado Rick Flag y extraño ex convictos entre los que se encuentran Harley Quinn son destrozados por las tropas de soldados en una playa. Es solo un avance de lo que está por venir, ya que el se intensifica a través de piezas de acción ingeniosas y desagradables llenas de varios momentos sangrientos. Pero The Suicide Squad está lejos de ser una corriente de bromas autoconscientes del estilo Marvel (acá mas cercano a Deadpool). En contraste, el sentido del humor de Gunn rezuma de una base seria, que aborda temas muy importantes y serios, parodiando la política exterior estadounidense y el engaño del gobierno, como excusa de interferencia en países extranjeros. Representando este escalofriante mal burocrático, Amanda Waller quien emerge como la villana más odiosa del universo de DC.

El grupo de recién llegados incluye a Idris Elba como el asesino a sueldo Bloodsport, quien combina cualidades implacables de hacer un arma letal con cualquier cosa con su liderazgo natural. Junto a el está encerrado su competencia, el psicótico y patriótico Peacemaker de John Cena, con quien chocará en sus intentos de superarse en creatividad homicida. A los dos se suman, King Shark un hombre tiburón con la voz de Silvester Stallone, la milenialls Ratcacher 2, una encantadora de ratas personificada por Daniela Melchior y Polka Dot-Man (David Dastmalchian), una especie de Norman Bates con traumas maternos, cuyo poder es lanzar lunares multicolores que le crecen por todo el cuerpo y destruyen todo a su camino. Harley Quiin (Margot Robbie) y el Coronel Rick Flag (Joel Kinnaman) se sumarán al equipo luego de sobrevivir a una misión de distracción; él rescatado por un ejército rebelde liderado por Alice Braga, ella capturada por los soldados de los militares golpistas.

En este mundo nihilista, Gunn invita a los espectadores a sentir compasión y empatía incluso por los monstruos más salvajes y los personajes más tontos del universo del cómics. Los más aterradores siguen siendo solo personas (o tiburones andantes) con problemas. Por eso, la encantadora de ratas milenialls (conmovedora y divertida interpretación de Daniela Melchior) está investida de esperanza y angustia genuina. Igual que los poderes de Polka Dot Man (el más jugoso de los personajes) que se reinventa como un horror corporal espeluznante donde David Dastmalchian canaliza un tormento psicológico que da paso al absurdo personaje, corporizada en esa horrorosa madre que parece sacada de las pesadillas de Eddie en IT de David Muschetti.

Fiel al estilo del director, la música es el acompañante perfecto; Gunn abre las primeras escenas de prisión de la película con Johnny Cash cantando Folsom Prison Blues y es imposible pensar que algo salga mal en la película con semejante arranque. La lista de reproducción no es tan llamativa como las bandas sonoras de Guardianes de la Galaxia, pero da mucho placer escuchar clásicos de The Jim Carroll Band, Pixies o The Decemberist; o ver una colorida pelea llena de flores de Harley Quinn con A Just a Gigolo de Louis Prima de fondo.

James Gunn se saca todas las limitaciones familiares que le impone la industria Marvel-Disney y se siente con total libertad para hacer una producción más personal. Todas sus influencias aparecen en una explosiva película plena de humor cáustico que está lejos de la solemnidad y oscuridad de los productos anteriores de DC. Con su característica simpatía por el mundo de los marginados, el director le impone una luminosidad nunca vista y logra, para gusto de este simple consumidor audiovisual del género, uno de los films más divertida, violento y demente del sello.

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