Se estrena en cines una nueva entrega de la franquicia slasher de 1997, esta vez con personajes nuevos y dirigida por Jennifer Kaytin Robinson.
En plena marea de reboots y reciclajes, Sé lo que hicieron el verano pasado regresa con su fórmula conocida —accidente, pacto de silencio, amenaza y asesinatos—, pero con algunos condimentos nuevos que juegan entre la nostalgia, la ironía millennial y el slasher clásico. ¿El resultado? Una película funcional, entretenida, que no se reinventa pero tampoco naufraga.
Los nuevos protagonistas son Danica (Madelyn Cline), Ava (Chase Sui Wonders), Teddy (Tyriq Withers) y Milo (Jonah Hauer-King), cuatro jóvenes de clase alta, fotogénicos y cargados de privilegios, que celebran el 4 de julio junto a la melancólica Stevie (Sarah Pidgeon). Entre excesos, selfies y decisiones idiotas, uno de ellos termina provocando un accidente que mata a un desconocido. Pactan silencio, claro. Y un año después, las consecuencias llegan: una nota, una amenaza, y ese ya clásico asesino encapuchado con garfio en mano vuelve a dominar Southport, ahora bajo el mando de un empresario siniestro (Billy Campbell) y una policía complaciente.
La película hace su trabajo. El slasher está servido: jóvenes perseguidos, muertes creativas, sangre medida, y una estructura que no sorprende . Entre tanto, una joven podcaster (otro elemento de época) empieza a investigar los hechos, encuentra similitudes con los asesinatos de 1997 y activa el verdadero anzuelo del film: la reaparición del los protagonistas de la original. Freddie Prinze Jr. y Jennifer Love Hewitt vuelven con roles secundarios (?). También la vuelta de Sarah Michelle Gellar, pero de una forma onírica. El impacto está en el guiño más que en la trama.

También hay referencias directas a Scooby-Doo, con Prinze Jr. y Gellar, y una escena en la que Jennifer Love Hewitt aparece con una remera negra de The Cure que le tapa hasta el cuello y sostiene una taza con la leyenda “Lágrimas del patriarcado”. Un detalle mínimo, la revancha simbólica de una actriz que durante años fue hipersexualizada por Hollywood – recordemos que la actriz protagonizó a los 16 años la versión anterior y fue víctima de acoso mediático por su escote.
Lo demás es correcto. La dirección no arriesga pero mantiene el ritmo. Los actores nuevos cumplen sin brillar. La música funciona. La intriga sobre quien es el asesino se sostiene y tiene vueltas de tuercas efectivas. El final abierto augura más entregas, dependiendo de la taquilla. Todo está calculado. Todo es fórmula y artísticamente no aporta mucho. Pero es una fórmula que, en tiempos de ideas recicladas, al menos entrega lo que promete.
Sé lo que hicieron el verano pasado no pretende renovar el género, pero sí sostenerlo en pie, con una mezcla de recuerdo emotivo y nuevas caras. Para quienes vivieron la era de MTV, las revistas Teen People y los posters en la pared, es un viaje conocido. Para los más jóvenes, quizás sea una puerta de entrada a un cine que se vuelve ritual: gritar, reír y esperar el próximo susto. Aunque sepamos de memoria quién muere primero.