Luego de presentarse en el Festival SITGEs, se estrenó en cines la nueva película del director de Devoto: La invasión silenciosa.
El cine de zombies sigue siendo exitoso y dando buenos resultados; los zombiefans se vuelcan a cuanto producto salga a escena. Pero muchas veces los productos se repiten en su concepto de infectados que son mordidos y luego se dedican a buscar carne viva para comer. Lo único que difiere son las formas, algunos son rabiosos corredores y otros son muertos vivos deambulantes que solo reaccionan cuando la presa se encuentra cerca suyo. Por eso es difícil encontrar una producción que sorprenda en la materia y que sorprenda en relación a lo conceptual o metafórico de la historia, por sobre las escenas de acción cuyo principal objetivo es simplemente entretener; Martín Basterretche va por ese camino. Luego de sorprender en el género con Devoto: la invasión silenciosa, una película de alienígenas con una estética ciberpunk que recordaba a Acción Mutante de Alex De La Iglesia y con ideas divertidas (unos «Bowies» extraterrestres que atacaban a los humanos y los trataban de colonizar), ahora se vuelca al género de muertos vivientes pero saltando todo lo convencional que suelen ser estas.
En El Último Zombie, el director cuenta la historia de Nicolás Finnigan (Martín Desiderio), un especialista en genética que llega a una antigua hostería en un balneario apartado para investigar una infección que podría perjudicar a la población mundial. En el lugar se encuentra escondido un doctor obsesionado por encontrar la cura para su mujer. Allí, junto a un grupo de turistas que se hospedan en el lugar se encontrarán atrapados en un edificio y sus alrededores, rodeados de muertos vivientes. Estos nuevos zombies de aspecto aterrador deambulan por la playa y el bosque aledaños al recinto, impartiendo terror con sus ojos blanquecinos. El protagonista tendrá los minutos contados para resistir e informar de esta nueva amenaza sobre la que nadie conoce, dado que todos estaremos contagiados. No muerden, no atacan, solo caminan como almas en pena.

Con un espíritu de cine clase B, el film logra esconder dentro de su estructura argumental diversas temáticas relacionadas con la pandemia mundial existente. Experimentados Infectólogos que tratan de hacer entender sobre los peligros, turistas que solo quieren salir sin importar las consecuencias, un encierro que afecta psicológicamente a los encuarentenados y noticias que presagian lo peor. Un combo de situaciones que encuentra anclaje en la realidad sucedida mundialmente. Apoyado en convincentes actuaciones de todo el elenco, quienes logran transmitir el clima asfixiante de la reclusión en la que se encuentran. Esas sensaciones se descomprimen con momentos de humor o comentarios divertidos de parte de los protagonista que logran cortar el clima y descomprimir, sobre todo de Clara Kovacic en el estereotipo de rubia modelo, fanática de las flores de bach y la cultura de cremas homeopáticas que contrasta con el pensamiento de los científicos encerrados.
En El Último Zombie, Martín Basterretche está mas cerca de clásicos como Yo Caminé con un Zombie de 1943, dirigida por Jacques Tourneur que de la tendencia del género muertos vivientes de los últimos años. Aún sin apartarse mucho de los cánones de este tipo de películas, busca darle a sus zombies una impronta romántica y melancólica que difiere con los que solemos ver. Se aplauden los riesgos, que busque un camino distinto y no caiga en los típicos clichés del género; por eso, más allá de las limitaciones presupuestarias y de la austeridad, el director logra una película inteligente con muchas buenas ideas.