Luego de un frustrado paso por cines, este viernes 20 de diciembre llega a la plataforma straming Max, la nueva película del veterano director.
Tengo un vínculo especial con Clint Eastwood, ver cada una de sus películas funciona como un tributo personal a mi viejo que lo adoraba y que este año habría cumplido 90 años. Por eso, enterarme que Jurado N° 2, la última película del viejo Clint («Clis Isguor» como mi viejo lo llamaba en su limitado inglés), no iba a estrenarse en pantalla grande, fue una gran decepción. Pero finalmente llega a la plataforma streaming Max, y aunque la experiencia de verla en la comodidad de la casa no es la misma que en un cine, no puedo dejar de admirar cómo, a sus 94 años, este gigante sigue cuestionando las estructuras más arraigadas, en este caso, el sistema judicial.
La historia sigue a Justin Kemp (Nicholas Hoult), un periodista que termina en el centro de un caso de violencia de género. La acusación es directa: James Sythe (Gabriel Basso) es acusado de la muerte de su novia, Kendall Carter (interpretada por Francesca Eastwood). Por su pasodo violento y la presencia de testigos en el bar donde se sucede la pelea entre la pareja, todo apunta a él, aunque las pruebas no sean contundentes.
Todo cambia cuando Justin recuerda que esa fatídica noche del 25 de octubre estuvo presente en el lugar de los hechos y que su auto pudo haber sido el causante accidental de la muerte de Kendall, lo que desata un dilema ético que no solo pone en juego la vida del acusado, sino también la de Justin, quien debe decidir si confiesa su posible implicancia o manipula al jurado para protegerse.

El tema es que a Justin se le juegan un montón de cuestiones que lo complican a la hora de asumir los hechos: un pasado de alcoholismo que lo llevaría directamente a una larga condena y está esperando un hijo con su esposa (Zoey Deutch), luego de mucho luchar por ello, con embarazos frustrados en el medio. La culpabilidad parece estar decidida por el jurado, y Justin parece encontrar una salida para evitar una condena. Pero un policía retirado, interpretado por J. K. Simmons, comienza a recopilar datos, que complicarían el caso y lo involucrarían. La fiscal del caso (Toni Collette), se hace eco de ello, pero se debatirá entre investigar a fondo para llegar a la verdad, poniendo en juego su carrera política, o dejar que el caso siga su curso.
A través de un drama legal, con múltiples condimentos, Eastwood plantea una pregunta que no es fácil de responder: ¿qué harías si estuvieras en el lugar del protagonista?. Básico en su estructura, comienza con el juicio, para luego dar paso a las deliberaciones, donde las tensiones llegan a su pico. En ese plano, no plantea una dicotomía entre héroes o villanos evidentes, solo individuos con conflictos internos, lidiando con sus propios temores, su pasado y sus conflictos. Esa es la mayor de sus virtudes, la empatía hacia los personajes; incluso en sus acciones más dudosas, se puede percibir la humanidad que subyace a ellas.
Visualmente sobria y con una dirección que no necesita alardes, Jurado Nº 2 recuerda a los grandes dramas judiciales de Sidney Lumet o incluso a El informante de Michael Mann. Pero Eastwood añade su marca personal: un realismo crudo, casi despojado de idealismo, que refleja los tiempos actuales. Una mirada no solo señala las fallas del sistema, sino que deposita en las personas la responsabilidad de redimirlo, con todo lo que eso implica.
En lo que podría ser su despedida del cine, Clint Eastwood nos entrega una obra madura, reflexiva y profundamente humana. ¿Es perfecta? No. Pero esa imperfección, ese constante juego entre la moral y la verdad, la hace más auténtica, como la vida misma.