Rivera 2100 de Miguel Kohan. Crítica.

Este jueves en Cine Ar TV y a partir del viernes en la plataforma streaming CineAr Play, se estrena el emotivo documental que rinde homenaje a «Donvi» Vitale y a Esther Soto.

Liliana y Lito abren al espectador los archivos de sus padres, «Donvi» Vitale y Esther Soto.

Aplausos, gritos, una ovación y la presentación de Rodolfo García y Luis Alberto Spinetta, baterista y voz/guitarra de Almedra, la legendaria banda argentina. El flaco toma el micrófono y resalta la importancia de MIA (Músicos Independientes Asociados) para la música argentina., para el rock nacional, más especificamente. La agrupación nació en 1975 como una cooperativa independiente para impulsar la aparición de nuevos músicos. El proyecto surgió de un trío formado por Alberto Muñoz, Liliana Vitale y Lito Vitale, un joven pianista de 12 años.presentación de una banda.

Pero el documental no habla específicamente de la banda, gira alrededor de Donvi Vitale y Esther Soto (padres de Liliana y Lito), quienes en 1976 deciden crear un oasis musical y cultural en la casa (que al mismo tiempo es estudio de grabación) de la calle Rivera 2100 de Villa Adelina. De allí emergerá buena parte de la cultura alternativa de la época y un modo de gestionar la creación artística en absoluta libertad e independencia que perdura hasta nuestros días.

Donvi tenía una trayectoria propia en el mundo de la música. Su talento como pedagogo y el riquísimo ambiente musical que se respiraba en el hogar que formó con Esther Soto -su mujer de toda la vida- en Villa Adelina, forjaron la carrera de su famoso hijo pianista y de Liliana, su hija cantora. Miguel Kohan retrata a través de imágenes diapositivas, la cuales son comentadas por les hermanes, testigos privilegiados de todos los registros fotográficos.

La vocación de Donvi fue la de enseñar y transmitir todos los conocimientos que había aprendido desde tan chico. Fue profesor y guía de infinidad de músicos jóvenes, entre quienes se cuentan sus hijos, Andrés Calamaro y Mex Urtizberea. Este último será uno de las apariciones estelares del documental, sorprendido al encontrarse con el enorme archivo de carpetas con recortes de revistas de entrevistas de sus alumnos, guardados como valiosos tesoros de su legado en cada uno de sus aprendices.

Donvi Vitale falleció en 2012, con 83 años de edad, mientras que Esther seis años después en 2018. Los registros de ella hablado de la ausencia de él tienen una carga emotiva que cobra relevancia con el paso de los años. Su rostro se ve reflejado en una pared a través de un proyector, ahora no solo los hijos son testigos de sus palabras, quienes compartieron MIA con ellos en algún momentos se sumaron y oyen la frase más emotiva de Esther: «Cuando uno se acostumbra a vivir en plural, es muy difícil vivir en singular». Lo que marca que la ausencia de Donvi cuesta para quien fue su compañera de vida desde 1955.

No solo es un profundo homenaje a un destacado artista e innovador en el campo de la pedagogía musical, Rivera 2100 es un ejercicio de la memoria emotiva y una especie de árbol genealógico que irá ampliando sus ramas y sus flores a medida que avance el relato. Un legado histórico que empieza con los hijos, Liliana y Lito, y termina con un sinfín de músicos que se juntarán para rendir pleitesía a los grandiosos «Donvi» Vitale y a Esther Soto.

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