Este jueves se estrena en cines la película de Kane Parsons inspirada en los cortos de terror liminales de Youtube.
La mente humana, los recuerdos, los sueños, el inconsciente y los traumas han sido territorios que el cine siempre volvió a explorar desde distintas formas. Desde The Shining hasta The Cell, pasando por el terror psicológico contemporáneo de Ari Aster, el horror muchas veces encontró su verdadero monstruo no en lo sobrenatural, sino dentro de la propia cabeza humana.
Y si hay un fenómeno moderno que entendió perfectamente esa sensación de incomodidad mental fue Backrooms, los cortometrajes found footage creados por Kane Parsons que transformaron simples espacios vacíos —pasillos interminables, oficinas abandonadas, luces fluorescentes y habitaciones sin sentido— en una de las imágenes más perturbadoras del terror contemporáneo. Lugares liminales, espacios de tránsito donde uno nunca debería quedarse demasiado tiempo… pero donde el horror aparece justamente al quedar atrapado.
Era inevitable que tarde o temprano ese universo llegara al cine. De la mano de A24 y Atomic Monster, la compañía de James Wan, llega Backrooms, el primer largometraje de Kane Parsons, quien expande el universo de sus cortos para construir una experiencia mucho más ambiciosa, psicológica e inquietante.
La película sigue a Clark (Chiwetel Ejiofor), un hombre solitario dueño de una empresa de muebles y colchones llamada Imperio Otomano del Capitán Clark. Mientras atraviesa sesiones con su terapeuta (Renate Reinsve) intentando entender el abandono de su esposa y el vacío emocional que arrastra, descubre una misteriosa puerta escondida en el sótano de su negocio. Detrás de ella aparece otro mundo: pasillos infinitos, oficinas vacías, habitaciones sin lógica, muebles acomodados de manera absurda, espacios pequeños que desembocan en laberintos interminables y puertas que parecen conducir hacia ninguna parte.

Acompañado por dos jóvenes empleados, Clark decide internarse en ese lugar sin comprender realmente qué es… ni qué está despertando dentro suyo. Y ahí es donde Backrooms encuentra algo mucho más interesante que el simple terror convencional. Porque Parsons no utiliza esos espacios solamente para generar sustos o tensión. Lo que hace es transformar los Backrooms en una representación física de la mente humana, de los recuerdos fragmentados, de los traumas enterrados y de esa sensación angustiante de quedar atrapado dentro de uno mismo.
La película funciona como un rompecabezas psicológico. No busca explicar todo de manera sencilla ni ofrecer respuestas inmediatas. Al contrario: obliga al espectador a reconstruir las piezas, a encontrar conexiones entre recuerdos, espacios y personajes. Hay ecos de Inception, del terror existencial más moderno y hasta cierta influencia visual del VHS noventoso, con una imagen sucia, granulada y onírica.
Formalmente, Parsons construye una puesta en escena fascinante. Los espacios parecen sueños deformados. Pasillos que nunca terminan, habitaciones diminutas que generan asfixia, luces fluorescentes que vuelven todo artificial e irreal. El diseño de producción trabaja constantemente sobre esa idea de lo familiar vuelto extraño, algo que el terror liminal viene explorando desde hace años y que películas recientes como Exit 8 también comenzaron a incorporar desde otro lugar.
Pero mientras Exit 8 trabajaba la repetición y el encierro como ansiedad cotidiana, Backrooms va mucho más profundo sobre la memoria, el trauma y la percepción de la realidad. Incluso la presencia inquietante de Mark Duplass aporta todavía más rareza a un relato donde nunca terminamos de comprender del todo qué es real, qué pertenece a los recuerdos o qué forma parte directamente de ese extraño universo paralelo.
No es una película fácil. Porque Backrooms no busca el terror rápido ni el jump scare constante. Busca incomodar desde otro lado: desde la atmósfera, desde la sensación de pérdida, desde la angustia de sentirse atrapado en espacios que parecen existir únicamente dentro de la cabeza de alguien.
En tiempos donde gran parte del terror mainstream sigue apostando a fórmulas repetidas, con solo 20 años, Kane Parsons demuestra que todavía existen formas nuevas de generar miedo. A veces alcanza solamente con un pasillo vacío… y la sensación de que quizás nunca vas a encontrar la salida.