El Cadáver de Jarand Herdal. Crítica.

Rompiendo el molde, en vísperas de Halloween Netflix sorprendió con el estreno de una cinta de terror noruega.

Los enmascarados asistentes del show de esta apuesta de Netflix al terror noruego

A principios de año, cuando comenzaba el aislamiento preventivo, tuvimos el placer de contar en la plataforma de la N roja con el estreno de la ganadora de SITGES 2019, la española El Hoyo. Como una especie de drama social, el film era una interpretación a repensar los valores de la sociedad, la solidaridad, como una mirada apocalíptica de la naturaleza humana, generando mucho debate entre quienes asistían a lo que no era un simple ejercicio estilistico de regodeo gore. Llegado Halloween, Netflix se acordó del éxito de la película española y apostó a un film que se nutra de elementos similares en vez de una producción de terror tonta norteamericana (Para eso ya está El Halloween de Hubie con Adam Sandler).

Esta vez llega de la zona escandinava, más precisamente de Noruega. El Cadaver sigue a Leonora (Gitte Witt), su marido Jacob (Thomas Gullestad) y su hija Alice (Tuva Olivia Remman) quienes tratan de sobrevivir como pueden tras un apocalipsis nuclear que ha dejado a los supervivientes sin recursos. Un día, el hotel local invita a los supervivientes a asistir a una obra de teatro, con una comida incluida, como un esfuerzo caritativo para ayudar a los necesitados.

Sin muchas opciones, la familia decide ir a la cita, donde su director, Mathias (Thorbjørn Harr), presenta todo el hotel como escenario. Los asistentes reciben máscaras para ayudar a separarles de los actores, pero la obra da un giro inquietante cuando los miembros del público comienzan a desaparecer y la línea entre la realidad y la obra de teatro se vuelve borrosa, hasta que es Alice la que desaparece frente a Leo y Jacob, y ya no hay lugar para la duda: algo anda muy mal en el hotel de Mathias.

El film apuestaa a un clima apocalíptico oscuro que recuerda a The Road con Viggo Mortensen, incluso en el ambiente «sálvese quien pueda» donde parece que cada familia sobrevive como puede y donde puede. A partir de la llegada al hotel antiguo el film se transformará en una aventura de supervivencia donde el conflicto se hace presente a raíz de la confusión que genera si las situaciones que sufren quienes están sin máscaras son reales o son parte del show, por que como dice Mathias: «Todo lo que van a ver es show» y el show tiene situaciones reales, que quienes están con la máscara no son capaces de percibir.

El pasado de actriz de Leonora es una carta que juega el director para hacer que Mathias sienta interés por ella para formar parte del show, pero será a costa de su libertad y la de su hija. La película juega siempre con la idea de generar el espectador la posibilidad de que todo sea una pantomima y quienes son los actores reales, lo que funciona como motor que alimenta el interés. Pero todo lo bien que estaba construido se desmorona cuando elige tomar el camino del terror más visceral, dejando de lado el drama social y toda la alegoría política interesante sobre la condición humana que existía en un principio, algo que en El Hoyo funciona de manera sostenida hasta el final.

El Cadáver no apela al gore como la película española, todo se sugiere, nada es explicito y en ese tono se mantiene durante todo el film. Tiene un ritmo intenso que no aburre en su breve duración, es un film ambiental, donde la estética del hotel, con su prepoderancia de colores rojos juega un rol importante en el clima opresivo que expone, aunque al final pierda la oportunidad de transformarse en algo más profundo que una simple película de terror para ver en Halloween.

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