Son de Ivan Kavanagh

Seleccionada para proyectarse en el Festival SITGES, ya se encuentra disponible online la ópera prima irlandesa.

Andi Matichak interpreta a una madre desesperada por la supervivencia de su hijo

En 2019, los amantes del western asistieron felices el estreno de Never Grow Old. Una inquietante historia que funcionaba perfecto como un cuento de moralidad moderno en el lejano oeste. Su director, el irlandés Ivan Kavanagh vuelve a demostrar que aquello no fue casualidad pero en esta ocasión demuestra su versatilidad al incursionar en el género de terror satánico.

Son comienza en una noche lluviosa mientras una mujer embarazada, Laura (Andi Matichak), huye de un grupo de hombres en su automóvil. Una vez que hay alejada de los sujetos, se detiene a un lado de la carretera y da a luz. Saltamos en el tiempo, y ahora su hijo David (Luke David Blumm) tiene alrededor de ocho años. No se menciona lo que sucedió en el pasado y ambos parecen felices y saludables. Una noche, mientras revisaba a David, Laura se sorprende al ver a un grupo de personas rodeando a su hijo. La policía se presenta pero no encuentra evidencia alguna sobre la presencia de terceros en la casa. Pero David comienza a sufrir lo que parece ser el ataque de bacterias carnívoras que cubren su cuerpo, y los médicos no pueden averiguar qué es lo que sucede con el niño. Con la escena del principio, sabemos que algo le pasó a Laura y que sea lo que sea debe estar ligado a la misteriosa enfermedad de su hijo y al grupo de personas que pueden o no existir.

Con un elenco relativamente pequeño, Son se basa solo en unos pocos para llevar esta historia a casa. Andi Matichak se pone en la piel de la madre desesperada cuyo único objetivo es mantener a su hijo a salvo sin importar lo que cueste, pero que está al borde de la locura. Hay una vulnerabilidad con Laura, que no está muy segura de lo que está pasando, pero cede a regañadientes a lo que puede ayudar o no a su hijo David. Al igual que en Never Grow Old, Emile Hirsch tiene un papel importante al ponerse en la piel de un policía cariñoso y amable que comienza a generar un vínculo con Laura, incluso cuando los cuerpos comienzan a aparecer misteriosamente con todos los dedos apuntando hacia ella. Su comportamiento tranquilo se equilibra perfecto con el retrato angustiado de Matichak, lo que adquiere sentido en el inesperado final.

Cuando comienza la huida de Laura y David, el film se recubre de una atmósfera símil True Detective y parece estar tomando un camino equivocado cuando se empieza a volcar al terror más visceral de Grace de Paul Solet. Pero el abordaje hacía el plano de la madre que debe alimentar a su hijo de carne humana nos entrega la mejor escena de la película en un encuentro entre Laura y un violento proxeneta, en una habitación de hotel de ruta. Pero luego se encausa y vuelve a la parte más interesante; cuando aborda el trastorno de estrés postraumático, el trauma infantil y los recuerdos reprimidos que viven en Laura y que parecen distorsionar su percepción de hechos que suceden a su alrededor. Aunque debemos entender que estamos ante una película de terror satánico, con lo cual nos entrega un final que se ajusta más al género.

Son no va a cambiar el género y cuenta una historia familiar, pero encuentra una forma oscura y amenazante cuando trabaja en el drama de una madre con una maternidad no deseada por una violación paterna, entremezclado por la lucha por la supervivencia de su hijo al saber que ambos son supervivientes de una supuesta secta que no sabemos si es real o es producto de la imaginación. En ese contexto, el film aprovecha que el terror con los niños, el culto satanista y la madre afectada por su pasado siempre da buenos frutos y, en este caso, no es la excepción.

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