Las Motitos de Inés María Barrionuevo y María Gabriela Vidal.

Luego de presentarse en el 35º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se estrenó en Flow Contenidos el film cordobés que retrata una problemática actual, el embarazo adolescente.

Basada en la novela de Vidal Los Chicos de las Motitos, el film nos traslada a una Córdoba convulsionada por la ola de saqueos. En un barrio humilde en las afueras de la gran ciudad, Juliana (Carla Gusolfino) y Lautaro (Ignacio Pedrone) viven su primer enamoramiento. Con solo 14 años, la joven pareja se enfrenta a un embarazo no deseado. No saben qué hacer, ni a quien acudir para evitar, la decisión de ellos es clara, interrumpir el embarazo, pero no saben a quien acudir. Encima la relación de Juliana con Flor (Carolina Godoy), su madre, es bastante conflictiva, aunque no tan alejada a la de cualquier joven de su edad. 

El film aborda el embarazo adolescente de manera simple pero realista, se enfoca en seguir a los dos jóvenes durante todo ese proceso de encontrar la forma de realizarse un aborto. Una madre que no encuentra los modos de llegar a su hija, otra madre, la de Lautaro, que debe hacerse cargo la doble tarea de trabajar en la verdulería y cuidar a sus tres hijos (uno bebé), es parte  del contexto familiar con el que cuentan los jóvenes. Y como corolario un contexto barrial conflictivo, donde la estigmatización hacía quienes poseen motos es otra de las preocupación con la que deben lidiar en el barrio.    

Las directoras modelan el carácter de sus personaje protagonistas en pequeños detalles, esquivos a los diálogos extensos pero expresivos en sus ambigüedades. Con un seguimiento austero e implacable de su periplo desde el descubrimiento del embarazo, pegado a esas emociones subterráneas, a la materia de sus difíciles decisiones. El tono íntimo, planos detalle que capturan el brillo de una mirada y otros que , esquivo a todo sentimentalismo, capaz de combinar situaciones conflictivas con momentos efímeros, banales en la vida de cualquier adolescente.

Pero el enfoque más interesante no tiene que ver con el contexto de una ciudad convulsionada y la galería de personajes, sino en el tratamiento que hace sobre el personaje de Juliana, en el que cada detalle cuenta: la incomodidad de la joven sobre el escenario que se le presenta, su rostro pálido y hierático, el habla de dientes apretados, todo gracias a la perfecta interpretación por parte de Carla Gusolfino, quién, junto a la madre, marcan el pulso dramático más intenso. 

La cautivadora historia, junto con la cercanía que uno puede experimentar con cada uno de los personajes, convierten a Las Motitos en una película llena de vitalidad y corazón. Un film directo, que no intenta subir la cuota emocional del asunto más allá de lo que la situación amerita. Sin recurrir a la palabrería, con interpretaciones que no se pueden reducir a etiquetas simplistas, es encantadora y honesta a la hora de abordar los conflictos que se suscitan detrás de un embarazo adolescente en un contexto donde los recursos son escasos.

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