Este jueves se estrena en cines argentinos una nueva entrega del clásico superhéroe de DC Comics creado por el escritor estadounidense Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster.
La película comienza con una cronología al estilo Star Wars que nos narra desde hace tres siglos, con la llegada de dioses y monstruos al planeta tierra, pasando por eventos clave de la historia reciente, hasta llegar a un momento decisivo: Superman ha sido derrotado, por primera vez, por el Martillo de Boravia, un arma desarrollada por una nación rival que no solo representa una amenaza concreta, sino que también encarna un modelo de poder en conflicto con el ideal ético del Hombre de Acero.
Herido y vulnerable, Superman es rescatado por su inseparable compañero Krypto, quien lo traslada a la Fortaleza de la Soledad. Krypto no es solo un perro con superpoderes: es el héroe fiel, silencioso, que aparece en los momentos más oscuros y conecta a Clark con su costado más humano.
Desde ese inicio, James Gunn despliega una historia cargada de actualidad, emoción y crítica social. Manipulación mediática, fake news, bots, inteligencia artificial, legado paterno, y el rol del periodismo en tiempos de posverdad: todos estos elementos se entrelazan con una trama de acción y épica superheroica que logra ser también profundamente íntima.

David Corenswet compone a un Superman carismático, soñador, con conflictos internos, eternamente idealista. No es un salvador inquebrantable: duda, tropieza, se decepciona. Pero nunca deja de creer en la bondad posible del ser humano. Rachel Brosnahan, por su parte, brilla como Lois Lane: valiente, incisiva, lúcida, es mucho más que la pareja del héroe. Lois se involucra, arriesga, investiga, y se vuelve parte fundamental del desenlace de la historia. Una heroína sin capa.
La aparición de la Justice Gang —una versión libre y colorida de la Liga de la Justicia— aporta el tono más lúdico de la película. Linterna Verde (Nathan Fillion) es tan insoportable como encantador: egocéntrico, bocón y excesivo. Mr. Terrific (Edi Gathegi) es su opuesto: metódico, obsesivo, cerebral. Y Hawkgirl, encarnada por Isabela Merced, aporta vuelo, armas, furia adolescente y mucha acción cuerpo a cuerpo.
Nicolas Hoult sorprende como un Lex Luthor joven, ambicioso, nervioso y profundamente envidioso, una radiografía de los millonarios actuales. Su odio hacia Superman no se basa tanto en un conflicto económico como en la imposibilidad de competir con alguien que encarna lo que él no puede ser y de robarle el centro de la escena. A su lado están la Ingeniera (María Gabriela de Faría), una villana camaleónica capaz de transformarse en lo que sea, y Ultraman, una especie de reverso oscuro del Hombre de Acero, que anticipa cada uno de sus movimientos. Su ejército: soldados cibernéticos y raptores de LuthorCorp. Entre las secuencias más impactantes está la batalla en un universo de bolsillo —guiño inteligente al multiverso— y el enfrentamiento contra un kaiju descomunal en pleno centro de Metrópolis.
En este universo en expansión también brillan los personajes secundarios. Jimmy Olsen (Skyler Gisondo), el joven fotógrafo del Daily Planet, es carismático, torpe y encantador, y le da a la película un tono ligero y entrañable. Y Eve Teschmacher (Sara Sampaio), la novia de Luthor, una suerte de influencer superficial que vive obsesionada con las selfies y las redes sociales: documenta cada evento —incluidos ataques alienígenas y batallas mortales— como si fueran parte de un desfile de moda. Su presencia le agrega una cuota de humor absurdo que funciona como guiño autorreferencial al universo de los superhéroes en tiempos de Instagram.
Todo eso sin perder nunca el corazón de la historia: los vínculos, la identidad, la lucha por lo que uno cree justo. Gunn logra que Superman (2025) sea también una película familiar, accesible para todo el público. Los niños encontrarán un héroe que deslumbra, y los adultos uno con el que pueden identificarse. Porque este Superman también se equivoca, se rompe, duda… pero sigue creyendo.
Al final, James Gunn vuelve a demostrar su talento para combinar lo lúdico con lo dramático, lo divertido con lo profundo. Sí, tiene imperfecciones, pero es una película entrañable, inteligente, y luminosa. Y lo más importante: renueva la esperanza en que el héroe más noble del cómic aún tiene mucho para decir.