The Mortuary Collection de Ryan Spindell. Crítica.

Presentada en el Festival SITGES 2020, ya se encuentra online la antología de terror producida por Shudder.

Clancy Brown interpreta al siniestro Montgomery Dark

Cuesta llevar adelante y sostener la atención durante toda su duración en las antologías de terror. Siempre alguna historia es despareja o no engancha como otras. El hecho que haya narraciones que superen en calidad a otras, provoca ciertos desequilibrios en tonos y ritmos que terminan atentando contra el producto final. Suele suceder que, cuando se juntan distintos directores, esa combinación de distintos puntos de vistas no favorecen, algo de eso pasa en la versión cinematográfica de The Twilight Zone dirigida por John LandisSteven Spielberg, George Miller y Joe Dante. No sucede así cuanto un mismo director trabaja sobre las historias, como pasó con la clásica Creepshow: El Festín del Terror, dirigida por el maestro George Romero, basada en cuentos de Stephen King. The Mortuary Collection cuenta con las virtudes virtudes de esta última.

El director Ryan Spindell narra tres historias alrededor de una siniestra funeraria ubicada en un siniestro caserón en las afueras de la ciudad, dirigida por Montgomery Dark (Clancy Brown). Hasta ahí llega una joven llamada Sam (Caitlin Cluster) para cubrir un puesto vacante de ayudante. Pero sus intenciones no son solo trabajar, sino escuchar las aterradoras historias sobre muertes que el funerario tiene para contar. La primera (la más breve) está ambientada en los años 50´ y se centra en Emma (Christine Kilmer), una vulgar ladrona que se encontrará con una especie de castigo divino, cuando un aterrador pulpo detrás de un espejo del baño no la deje escapar.

Una especie de entrada para lo que serán los platos principales. La siguiente historia sigue a un joven casanova Jake (Jacob Elori), el típico seductor que atrapa a las mujeres bajo un discurso de emponderamiento femenino y de libertad sexual, con los cuidados correspondientes. Así conocerá a Sandra (Ema Horvath), una joven que solo busca tener sexo. El acercamiento entre ambos será inmediato, pero el engaño de él hacía ella (le hace creer que tiene el preservativo puesto), se convertirá en la puerta abierta al infierno y a un atroz sufrimiento. Con un alto contenido de erotismo el relato se convierte en una crítica social directa sobre el no cuidado y el engaño. Esta vez los roles se invierten, quien sufre las consecuencias de la prevención Jake. Sin caer en discursos alegóricos sobre el feminismo, el corto maneja con sutilidad la burla y la ironía, construyendo un paralelismo donde el hombre sufre en carne propia las consecuencias de sus actos.

Apelando a los terrores más tradicionales sobre la muerte y su inevitable llegada, el tercer corto pone la mirada en el matrimonio de Wendell (Barack Hardley) y Carol (Sarah Hay). Ella está en estado vegetativo, (casi un zombie) en una cama, pero la llegada del momento final se dilata. La vida del hombre se suscribe solo a cocinar y darle de comer a su esposa. Hasta que en un momento dice basta y lo que comienza ahí en una siniestra comedia de equivocaciones especialmente grotesca y bizarra. Una mirada sobre el amor romántico, pero que bajo la celebre frase «hasta que la muerte nos separe» también esconde una aterradora forma de construir el camino hacia la desesperanza. Mucho humor negro y sangre en un relato de terror más cercano a la vida cotidiana.

Quien rompe el molde es el último relato, esta vez contado por Sam, la joven aspirante al puesto de ayudante de la funeraria. La historia es convencional, como una especie de homenaje a Halloween de John Carpenter. Una joven (protagonizada por la misma Caitlin Custer), oficia de «niñera» de Logan en un caserón en medio de la nada. Afuera hay una fuerte tormenta, pero esa tranquilidad se ve interrumpida cuando de una clínica psiquiátrica cercana a la casa se escapa un peligroso paciente. Con la clásica fórmula del género slasher de la mujer débil que trata de escapar del implacable asesino, Ryan Spindell nos adentra en la típica historia de supervivencia violenta y sangrienta (incluso en la tele se ve una película del génro). Pero no se muestra con claridad al verdadero culpable y lo que parecía ser de una manera, termina siendo una engañosa caricaturización gore del habitual juego entre el asesino demente y la niñera frágil de las películas slashers. Todas las historias confluyen en un final donde los narradores llegan al clímax final con una interesante vuelta de tuerca del guión que le otorga mucho más sentido a la conversación entre ambos, sobre todo basado en el interés de Sam por tener un trabajo poco común.

The Mortuary Collection es una mezcla de muchos subgéneros del universo del cine de género. Tiene criaturas monstruosos escondidas, terror social, comedia, zombies y slasher clásico. Una antología consistente que no tiene puntos flojos, con una narrativa sólida que funciona perfecta para encastrar cada una de las historias. Una película que vuelve a poner en lo más alto un formato que no suele tener grande exponentes y que obliga a poner el ojo en Ryan Spindell, un director cuyos recursos visuales y estéticos son dignos de reconocimiento.

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