Time: el tiempo no espera, no retrocede ni se recupera

La producción disponible en Amazon Prime, nominada a mejor documental en los próximos Oscar, narra las desventuras de una familia atravesada por una condena judicial que marcará a fuego los destinos de sus integrantes.

Time, dirigida y guionada por Garret Bradley, introduce al público en la vida de Fox Rich y su marido Robert, un matrimonio de color que soñaba con tener una buena vida, que aspiraba a vivir el ascenso social norteamericano. Sin embargo, la vida los puso en apremios económicos, que ambos intentaron resolver robando un banco, el Gambling Federal Credit Union. El plan terminó siendo un fracaso y ambos acabaron en la cárcel. Ella, embarazada de dos niños, logró salir al poco tiempo, pero a él le dieron 60 años de cárcel.

El eje central de Time es el paso del tiempo. Desde esa premisa el relato se estructura en dos segmentos que se le presentarán al público de forma entrelazada y alterna. Por un lado, material de archivo grabado por la propia Fox Rich y sus pequeños hijos, en la que documentan acciones de la vida cotidiana en lo que pareciera ser una especie de diario audiovisual pensado para que Robert, al salir de prisión, pueda en cierto modo revivir parte de los momentos que se perdió por su condena. La otra parte del film ancla en el presente, en donde veinte años después de la sentencia judicial se aprecia con claridad el paso del tiempo en los personajes y la lucha por lograr la libertad de Robert.

El documental no buscará, respecto al paso del tiempo, grandes reflexiones ni declaraciones grandilocuentes. Lo que una persona puede perderse a lo largo de 20 años de prisión se muestra a partir de los cuerpos y la vida cotidiana de los hijos y la esposa de Robert. SI en las grabaciones caseras aparecen los niños comenzado el colegio, en el presente se los verá terminando terminando sus estudios, con sus rostros juveniles trasformados en el de adolescentes con barba. Lo mismo ocurre con Fox Rich respecto a las huellas que los años van dejando en el cuerpo de todas las personas.

Robert casi no aparece físicamente en el documental, pero siempre está presente, porque la vida de la familia se estructura en torno a su ausencia. La esposa dedicará su vida durante los veinte años posteriores a la condena a intentar sacarlo de la cárcel, mientras que sus hijos sentirán, por un lado, el deseo de que su padre esté orgulloso de ellos, y por el otro el de mostrarse a ellos mismos y al mundo que pueden reponerse a la adversidad que supone haber vivido con la figura paterna tras las rejas. La condena de Robert es el motor de sus vidas, con todo la carga que ello conlleva.

La mayor virtud de Time es la batería de preguntas que habilita, interrogantes incómodos que nos llevan a cuestionarnos aspectos que tenemos interiorizados y naturalizados respecto a qué hacer como sociedad ante un delito ¿Es justo que una familia sufra durante 20 años la ausencia del padre aun cuando éste fue condenado por un hecho que cometió? ¿Es posible, como hacemos, pensar el sistema de codenas judiciales en forma individual sin sopesar el impacto colectivo que tiene sobre terceras personas y que puede derivar en una especie de condena indirecta a inocentes? ¿Esas inquietudes son menores al lado de la necesidad de resarcir a las víctimas de las acciones que cometidas por el condenado? ¿Cuánto tiempo es humano tener a alguien encerrado?

Si bien, en este caso, se menciona y denuncia la desproporción de la de la condena (60 años) en relación al delito cometido (robo a mano armada), el interrogante que queda planteado pone en cuestión un aspecto alternativo de algo poco discutido: el peso del paso del tiempo en personas queridas de un condenado. El documental nunca aborda el ilícito que dispara el relato, no sabemos detalles ni consecuencias en terceras personas, salvo por un brevísimo comentario de la protagonista.

A pesar de que el fondo de la cuestión queda claro y para muchas personas es seguro que resulte interesante, Time cuenta con ciertas irregularidades y vacíos a lo largo de sus poco más de 80 minutos. El documental tiene por momentos un tono de denuncia que no profundiza. Se pone en el tapete que las personas negras reciben condenas más largas que las blancas, pero no se aportan datos al respecto ni se aborda el tema más allá de frases sueltas. Las consecuencias del paso del tiempo en los hijos de Robert, si bien visibles, también quedan a mitad de camino, a la vez que vemos todo el esfuerzo de Fox Rich para lograr la libertad de su marido pero tampoco se interioriza en cómo intentó (y logró) restructurar su vida, en los apoyos que tuvo, en los estigmas que debió enfrentar y en la titánica tarea que emprendió al criar a sus tres hijos en soledad. Si bien estas cuestiones no son falencias sino una decisión narrativa pensada por parte de la directora, por momentos es posible que el espectador sienta la necesidad de que la historia le de un poco más de lo que termina ofreciendo.

Al estructurarse exclusivamente en fragmentos de la vida cotidiana para estructurar la historia, Time deja de lado la oportunidad de profundizar en distintas aristas que hubieran contribuido a conectar más con la familia protagonista, así como descarta la posibilidad de acentuar el tono de denuncia que aparece presente de forma esporádica. Pero a la vez, la decisión de centrarse en hechos puntuales en vez de realizar abordajes más generales quizá sea lo que le da su particular tono y lo que le permite diferenciarse de otras producciones de temática similar. Será el espectador quien determine si lo intimista del relato compensa su vuelo superficial, su toco y me voy, en gran parte de los tópicos que se presentan en la narración.

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