Un Crimen Común de Francisco Márquez. Crítica.

Luego de presentarse en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata este jueves llega a la pantalla grande la nueva película del director de La Larga Noche de Francisco Sanctis.

Elisa Carricajo se luce en Un Crimen Común.

Cecilia es una profesora de sociología que vive sola con su hijo pequeño. Una noche lluviosa, Kevin, el hijo adolescente de su empleada doméstica, llama insistentemente a la puerta. La soledad y el miedo la llevan a no dejar entrar a Kevin, pero al día siguiente el cuerpo del joven es encontrado en un río. Las sospechas de la parte más pobre de la ciudad recaen sobre la policia, a quien acusan de haber asesinado a Kevin. Pero el drama del film no gira en torno al crimen, sino alrededor de la atormentada conciencia de Cecilia, perseguida por los fantasmas y la culpa de no haber ayudado al joven.

Con un lenguaje cinematográfico notable, Francisco Márquez nos introduce en el claustrofóbico mundo de la culpa. Así como Gus Van Sant se metía a explorar ese mismo universo de los fantasmas del remordimiento de un adolescente en Paranoid Park, el director argentino lo hace en la mente de una mujer grande. En el film ganador de la Palma de Oro de Cannes en 2007, la culpa del joven skater por la muerte de un guardia de seguridad, funciona como un camino de redención y de búsqueda de la identidad. Esta vez, el camino es inverso, quien tiene que cargar es una mujer marcada por el trabajo social, donde, se supone, no debería cargar con prejuicios. Pero los miedos pueden más y con ello su identidad queda en disputa, las dudas aparecen y el remordimiento luego del crimen común serán mayúsculos.

Pero conseguir meternos en la piel de la protagonista, no solo es necesario destacar la labor de la dirección, el sonido y la fotografía; Elisa Carricajo se luce en el papel de Cecilia. Desde nuestra posición privilegiada de espectador conseguiremos desentrañar la mayor parte de los secretos que destila su mirada limpia pero velada. Seguiremos sus pasos por pasillos y calles de la ciudad, oiremos los ruidos de la casa que se cuelan en su memoria como una letanía que la acompaña, veremos las cosas con un filtro en ocasiones opaco, en ocasiones traslúcido, en ocasiones turbio, pero rara vez, con un filtro transparente y diáfano.

En “Un Crimen Común», Francisco Márquez demuestra que a veces no hace falta rellenar todos los espacios para que una obra sea completa. El director deja una libertad absoluta a la mente del espectador y lo sumerge en una paranoia cinematográfica que nos interpela. Un film que despertará debates internos sobre nuestros miedos y nuestros prejuicios, pero principalmente sobre nuestra mirada del otro.

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