Voces de Ángel Gómez Hernández. Crítica.

El cine de terror pisa fuerte en Netflix con la ópera prima española sobre fantasmas, casas embrujadas y leyendas pueblerinas.

Rodolfo Sancho protagoniza el nuevo film de terror español.

Una casa en el medio del campo, un niño que escucha voces y fantasmas del pasado que buscan venganza. Todos elementos que parecen recordar viejos clásicos de terror de los 90, que tuvo como exponente principal a la maravillosa Sexto Sentido pero que también tuvo dignas producciones como Ecos Mortales o Revelaciones. El director español Angel Gómez Hernández recoge el guante de ese subgénero del terror y lo vuelca en una trágica historia familiar, donde no faltarán las brujas y las historias de la inquisición.

Sara (Belén Fabra), Daniel (Rodolfo Sancho) y su hijo Eric de 9 años, llegan a una vieja casa en medio del campo. El objetivo de la pareja es restaurar la misma para venderla a mayor valor, una vida de mudanzas que vienen desarrollando hace tiempo. Pero esta no es una propiedad cualquiera, ha sido conocida desde siempre en los alrededores como «la casa de las voces». El niño, es el primero en advertir que tras cada puerta se ocultan extraños sonidos y se intuyen voces que parece que intentan comunicarse con la familia. Lo que achacan en principio a un producto de la imaginación de Eric se convierte rápidamente en una inquietante realidad que luego de una tragedia familiar, obligará al padre a acudir a Germán, un especialista en investigar «voces del más allá».

Apelando a recursos conocidos dentro del subgénero (sombras en la oscuridad, apariciones debajo de la cama, impactos sonoros), el film logra cumplir con su cometido generar suspenso, tensión y de vez en cuando hacernos dar un buen susto. La ambientación del lugar y la puesta en escena funcionan como la atmósfera óptima para este tipo de película, sin salir de los cánones del subgénero de terror. Apoyado en una trágica historia, que tiene un primer golpe sorpresa a poco más de media hora y que se profundizará mucho más con el correr de la película, logra el impacto necesario para que la historia se sostenga hasta el final, evitando caer en lugares comunes de este tipo de film.

Pero los sorpresivos giros narrativos basados en las tragedias que se van sucediendo no es lo más interesante. Lo mejor subyace en lo profundo del mensaje que no se escucha, en esas voces que no son de fantasmas, esas voces que el padre no sabe escuchar y que luego tendrán consecuencias en su vida. Un hijo que pide algo, una esposa que lo advierte pero que cuando lo hace ya es tarde. El director le añade pequeños detalles a ese universo de palabras que no se escuchan, como los posters en las paredes del niño o los dibujos de Eric, hasta un simple gota de sangre en una almohada o una pileta en forma de oreja, sumado a una toma final anclada en el principio.

Voces sorprende con el componente trágico, pero también se sostiene con su precisa producción, su puesta en escena y distintos componentes relacionados con los conflictos familiares, sobre todo el no poder escuchar al otro, por estar encerrado en individualismos o egoísmos personales. Pero también se transforma en nostálgico film de terror que recuerda a los no tan viejos años noventa.

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