Bill & Ted Face the Music de Dean Parisot. Crítica.

Casi treinta años después de la segunda parte, Alex Winter y Keanu Reeves vuelven a ponerse el traje de los rockeros adolescentes que buscan hacer la canción de rock que salvará al mundo.

Alex WInter Keanu Reeves se vuelven a meter en la piel de Bill &Ted.

Antes de empezar a leer esta crítica, quiero que sepan que disfruto mucho de las películas que me conectan con la adolescencia, que miraba cada vez que la pasaban por algún canal de cable y las sensaciones eran las mismas que la primera vez. Dentro de esas películas están las dos partes de El Mundo de Wayne; películas que conjugaban personajes torpes e inmaduros con mucho amor por el rock and roll, el mismo espíritu que trasmite Jack Black y Kile Glass en Tenacious D: The Pick of Destiny. Las precursora fue la saga Bill & Ted, que tuvo dos películas, una en 1989 y otra en 1991. No solo se destacaron por ser las primeras, también por que fueron los primeros protagónicos de Keanu Reeves (En 1988 había coprotagonizado Relaciones Peligrosas de Stephen Frears), en un género con el que no volvería a relacionarse y un tipo de personaje que nunca más volvería a interpretar, abocándose más al cine de acción con algún que otro drama romántico entre medio.

Pero no estaba solo Keanu en las cruzadas a través del tiempo, lo acompañaba era Alex WInter, un actor que desapareció del medio y se dedicó a dirigir documentales. Anteriormente había coprotagonizado el clásico de vampiros The Lost Boys, pero luego de protagonizar Bill & Ted, nunca más supimos de él. Por eso,un actor que había dejado de lado estos papeles y otro que no trabajaba más cine, y encima con treinta años más sobre sus espaldas. Nos generaba muchas dudas y más de una vez nos preguntamos ¿Era necesaria esta tercera parte?.

Treinta años después del último recital en la Batalla de Bandas, la banda se separó y la canción que traería la paz mundial nunca llegó. Ellos viven con sus esposas, con sus hijas y la búsqueda de la tema musical aún sigue. Bill & Ted tienen aún el espíritu adolescente torpe e inmaduro, con un amor al rock and roll intacto, al igual que sus hijas: la de Bill, Theodora «Thea» Logan (Samara Weaving), y la de Ted, Wilheimina «Billie» Preston (Brigette Lundy-Paine). Pero esa amistad y confraternidad entre ambos hace que sus esposas, Princesa Joanna (Jayma Mays) y Princesa Elizabeth (Erinn Hayes), estén cansada de esa vida y planeen separarse (la terapia de parejas inicial con Jillian Bell en el papel de psicóloga es muy graciosa).

Una mujer proveniente del futuro llega para avisarles a Bill y a Ted que tienen que componer la canción que ordene el espacio-tiempo mundial En una lucha contrarreloj volverán a la clásica cabina telefónica para viajar a través del tiempo. Las visitas a distinta realidades de los protagonistas hacen que el film se convierta en un despliegue de Bill & Ted`s alternativos: ellos separados de sus mujeres, borrachos y tocando en bares de mala muerte; ancianos a punto de morir o en una versión presidiara en una carcel de San DImas (el mejor momento de la película). Las charlas con sus otros «yo» se transforman en un delirio absoluto, con los tics característicos de los personajes, como la guitarra al aire o el abrazo a la distancia. A eso le sumamos ver a Keaanu Reeves componer un papel distinto al que nos tiene acostumbrado, del duro y serio modelo del cine de acción como en John Wick o Matrix, que se conecta muy bien con Alex Winter, como si el paso del tiempo no los hubiese afectado.

Una historia paralela, igual de delirante, es la de sus hijas, hechas a imagen y semejanza de sus padres. Ambas se subirán a una máquina del tiempo e irán al pasado a reclutar a los mejores músicos de la historia para formar la mejor banda de la historia para ayudar sus padres. Jimmy Hendrix, Louis Amstrong, Mozart , la flauta de Ling Lum y Grom, una percusionista tribal. También aparecerán personajes clásicos de la saga, como La Muerte y Rufus en forma de holograma con pequeñas intervenciones, a tono con lo

Bill & Ted Face the Music mantiene vivo el espíritu de sus películas anteriores. La vuelta de dos personajes que se han transformado en iconos de la cultura popular con el paso del tiempo, es la excusa perfecta para ver una comedia donde nada tiene sentido. Un film que disfrutarán quienes estén totalmente despojado de prejuicios y abiertos a entender que la premisa es pasar un buen rato con gags increiblemente delirantes, que nos llevará por terrenos inesperadas con una base de mucho rock and roll, rebeldía adolescente e inmadurez. Por eso, si preguntan si era necesario la vuelta de Bill & Ted, les respondo: «!!Si!! Gracias por hacerlo y…. Party on, Dudes».

Nuestra puntuación
Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *