Este jueves se estrena en cines la nueva película del director Gore Verbinski protagonizada por Sam Rockwell.
Gore Verbinski es un director inquieto; capaz incursionar en el cine de género y generar uno de los clásicos del cine de terror moderno como La Llamada, hasta explorar las aventuras con la trilogía Piratas del Caribe o el drama existencial con El Hombre del Tiempo, hasta capaz de meterse en el terreno de la animación con Rango. En Buenas Suerte, Diviertete, No te mueras va más allá y se va a la ciencia ficción y construye algo más que una comedia sci-fi: una especie de fábula desbordada, caótica y contemporánea sobre nuestra relación con la tecnología, el dolor y la necesidad de escapar de la realidad.
La premisa es tan absurda como efectiva: un hombre que dice venir del futuro (Sam Rockwell) recluta a un grupo de personas en un restaurante de Los Ángeles para evitar el avance de una inteligencia artificial que amenaza con dominarlo todo. Pero lo que podría ser una típica historia de viajes en el tiempo se convierte rápidamente en un mosaico de relatos, personajes y situaciones que reflejan distintas formas de alienación contemporánea.
Ahí aparecen dos profesores desbordados por la hiperconectividad de sus alumnos, interpretados por Michael Peña y Zazie Betz, incapaces de competir contra las pantallas. Una madre (Juno Temple) atravesada por el duelo, a quien el sistema le ofrece una versión clonada y “económica” de su hijo, incluso intervenida con publicidad. Un mundo donde las voces artificiales reemplazan los vínculos reales y anestesian el dolor hasta volverlo inexistente.
En paralelo, la película encuentra uno de sus ejes más interesantes en Ingrid, una joven que decide vivir al margen de la tecnología. Interpretada por Haley Lu Richardson, trabaja como princesa en cumpleaños infantiles para evitar el contacto con dispositivos. Su vida parece encontrar equilibrio junto a un joven “analógico”, hasta que la irrupción de la realidad virtual rompe ese frágil sistema y lo arrastra hacia una adicción que pone en crisis todo.

Desde ahí, Buena Suerte, Diviertete, No te Mueras empieza a desplegar su verdadero tema: la idea de que el mundo virtual no solo compite con el real, sino que empieza a reemplazarlo. Un espacio donde podemos ser nuestra mejor versión, donde no hay límites, pero donde también se pierde algo esencial: el contacto, el dolor, lo humano.
Visualmente, Verbinski apuesta por un universo que mezcla lo lúdico y lo apocalíptico. Hay algo de Ready Player One en su concepción de mundos virtuales, ecos de 12 Monos de Terry Gilliam en la estructura temporal y el tratamiento de la salud mental, con un espíritu muy cercano a Black Mirror en su lectura crítica sobre la tecnología. Todo atravesado por una estética que recuerda a un mundo tipo Fortnite, donde lo absurdo y lo exagerado son parte del lenguaje.
En ese contexto, Sam Rockwell se roba la película con su habitual energía desbordada, verborrágica y magnética. Está perfectamente acompañado por Michael Peña y un elenco que entiende el tono de esta propuesta: exagerada, bizarra y, por momentos, deliberadamente caótica.
La película no siempre logra equilibrar sus múltiples ideas. Hay momentos donde el exceso juega en contra y el relato se dispersa. Pero incluso en ese desorden encuentra identidad. Verbinski no busca una narrativa clásica, sino una experiencia: una montaña rusa de conceptos, imágenes y personajes que reflejan un mundo donde la desconexión ya no es una opción real.
Buena suerte, diviértete, no mueras es una obra inquieta, provocadora y muy actual. Una advertencia disfrazada de espectáculo que nos recuerda algo incómodo: quizás el futuro que plantea no sea tan lejano… y tal vez ya estemos viviendo dentro de él.