Dinner in América de Adam Rehmeier.

Luego de presentarse en el Festival Sundance 2020, se estrenó online la comedia de humor negro y romance entre dos inadaptados sociales.

Emily Skeggs y Kyle Gallner protagonizan Dinner in America.

El director Adam Rehmeier sorprendió a muchos en su debut en 2011, con su largometraje The Bunny Game. Un film, declarado de terror extremo, en el que una trabajadora sexual es secuestrada y torturada por un camionero. Una década después, Rehmeir vuelve a insistir en mostrarse como un provocador y evidentemente ha desarrollado un oscuro sentido del humor que hace que sigamos con mucha atención sus proyectos por venir.

Dinner in America es feroz desde el principio, cuando un joven de ridículo peinado llamado Simon (Kyle Gallner) es expulsado de un centro de investigación de drogas e invitado por Beth, su compañera pilota de pruebas farmacéuticas, para comer y tener sexo. En la casa de Beth en los suburbios de Detroit, Simon besa a la madre de Beth (Lea Thompson de Back to the Future), destroza el comedor familiar y prende fuego el jardín. Toda la secuencia puede ser superflua, pero es un ejemplo de la rebeldía de Simon.

Después de una parada con su proveedor de drogas, Simon es perseguido por la policía y se oculta una escalera de incendios a la vista de Patty (Emily Skeggs), una oprimida trabajadora de una tienda de mascotas oprimida quien lo cure de la búsqueda del oficial policial. Agradecido por haberlo salvado, Simon se abre paso en la casa de Patty y en su vida familiar, para ocultarse de la policía. Pero resulta que Simon también es John Q, el líder de la banda local de hardcore PsyOps y un hombre a quien Patty envía cartas de amor y poesía de manera rutinaria. Sin saber quien es él, los dos se hacen amigos y se involucran sentimentalmente. El comienzo es la única parte predecible de Dinner in America, porque ambos personajes se juntarán en una especie de día de furia y venganza en el que se cruzarán con deportistas abusones, jefes explotadores y familiares insoportables que los harán vivir situaciones inesperadas.

La unión entre ambos será el desencadenante para poder disfrutar de la furiosa actuación de Gallner, quien no da un segundo de respiro en toda la película. Siempre al límite de la explosión violenta, uno no puede evitar sentir empatía por la razón por la que Simon se siente así y el deseo de estar en cualquier otro lugar que no sea su casa. Su ira se expresa de manera descarada, pero se transforma cuando finge ser de una familia de misioneros que construyen iglesias en Tanzania durante una de las escena más divertida de la película. En contraposición al personaje de Simon aparece la pasiva y angelical Emily Skeggs quien encontrará en el joven la contención y la rebeldía necesaria para hacer frente a quienes se burlan y abusan de ella, pero también despertará el espíritu creativo que se encerraban dentro de las cartas de amor enviadas al rebelde John Q.

Dinner in América está en las antípodas del cine comercial adolescente, gracias a su carácter contestatario, rebelde e irónico que reviste de humor negro una trama que incide, entre otras cuestiones, en la angustia existencial de la adolescencia, en el bullyng, en la importancia del arte como herramienta catártica y en el materialismo de la sociedad estadounidense. Un espíritu similar a films como Ghost World de Terry Zwigoff o Napoleón Dinamyte de Jared Hess, con la diferencia de estar llena de furioso punk rock y anarquía, gracias a dos asombrosos personajes que se unen no solo para darnos una furiosa coming of age, sino para crear «Watermelon song» una de las mejores canciones power rock compuestas para una película.

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