El Tiempo Perdido de María Alvarez. Crítica.

En la Competencia Argentina del 35º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, on line y gratuito, se estrenó el nuevo documental de la directora de Las Cinephilas.

Un grupo de personas de avanzada edad y de ambos sexos se reúnen todas las semanas en un café de Buenos Aires con un único objetivo: leer y analizar “En busca del tiempo perdido”, de Marcel Proust. Llevan 17 años haciéndolo de manera continua y obsesiva.

El documental  muestra la actividad del grupo de personas mayores que realiza el ejercicio de lectura, análisis y discusión como pasatiempo intelectual en la última etapa de su vida. También asistimos a un desmenuzamiento nada simple de la obra Proust, de una manera tan profunda que hasta un grupo de catedráticos envidiarían. Pero para los participantes de la rutinaria práctica no solo funciona como un ejercicio de neto corte intelectual, también es un ejercicio de memoria, que curiosamente funciona como conexión entre ficción y realidad.

Esta constante relectura y análisis no solo es un arte en sí mismo, a través de su actividad llegan a una especie de catarsis colectiva que transmite al plano comunal su experiencia de lectura personal. Al final, de manera similar a como ocurre en las novelas, al acabar se vuelve al principio, y tras el final se inicia de nuevo, como llevan haciendo de manera incesante durante más de tres lustros. Porque al final de lo que se trata es de pasar tiempo en buena compañía y nada más.

A simple vista parece que estamos ante un sencillo ejercicio de lectura, filmado en un furioso blanco y negro, sin hacer ningún alarde de montaje o narración. Pero “El Tiempo Perdido” es más que eso, es un documental observacional que nos hace sentir uno más de ese grupo de lectores compulsivos de Proust, cuyo mérito principal es transmitir la pasión que el grupo siente con una obra  

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