Isabella de Matías Piñeiro. Crítica.

Dentro de la Competencia Internacional del 35º Festival de Cine de Mar del Plata, se estrenó la nueva película del joven director argentino de Viola y Rosalinda.

Matías Piñeiro sigue obsesionado con Shakespeare, pero más con la actuación y con el teatro. Luego de “Hermia & Helena”, su libre adaptación de “Sueños de una Noche de Verano”, en esta quinta entrega de Las Shakeperianas, el director se centra en una producción planificada de la obra de teatro “Medida a Medida” del dramaturgo inglés, pero sobre todo en las dudas de una actriz que está dejando atrás la juventud, se está metiendo en la maternidad y vive las frustraciones de una carrera teatral inconclusa.

Mariel (María Villar) es una actriz de 38 años en Buenos Aires y está embarazada de siete meses. Se presenta en una audición para el papel principal de “Isabella” en una producción de la obra. Es una audición extraña, para la que necesita entregar un monólogo personal, que construye en torno a un incidente ocurrido hace un tiempo, en Córdoba, con su hermano (Pablo Sigal) y su supuesta amante (Agustina Muñoz), una actriz que también está haciendo una audición para el papel. Mientras tanto, Mariel ha escrito una obra que está a punto de ser puesta en escena: una obra personal, dotada de ingeniosa habilidad escénica (sus sorprendentes figuras de imágenes en toda la película), centrada en el problema de la duda y la acción, y respecto del cual ella misma se enfrenta a una duda permanente, de si actuará en ella o volverá a actuar.

Desmenuzando a Shakespeare en fragmentos de experiencias personales, repitiendo secuencias y acciones,  atrapando a los actores en primeros planos extendidos  el director logra fusionar lo teatral con la vida cotidiana en una poderosa obra de complejidad psicológica. Con el aporte actoral de su elenco estable, para dar vida a personajes que se encuentran atrapados en sus propios laberintos, Matías Piñeiro logra mantener un equilibrado tono íntimo durante todo el film. 

Desconcertante por momentos, Isabella es un rompecabezas que obliga al espectador a recoger todas las piezas diseminadas arbitrariamente por el director a través de su casi hora y media de duración. Apoyada por la hermosa fotografía de las sierras cordobesas como una especie de reflejo de la sinuosidad de las diferentes etapas de la vida, también es un hipnótico ejercicio de reflexión sobre las complejidades del ser humano en relación a sus dudas sobre la percepción del éxito y su eterna insatisfacción personal frente a los objetivos no cumplidos.

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