Kill – Masacre en el tren | Review

Nuestra puntuación

Se estrenó en cines la película india de acción dirigida por Nikhil Bhat que viene sorprendiendo en todo el mundo.

Ambientada en un único escenario, Kill – Masacre en el tren se convierte en un ejemplo del recurso Duro de matar en un espacio reducido. En esta ocasión, la trama se desarrolla completamente en un tren en movimiento hacia Nueva Delhi, que se convierte en una especie de Plaza Nakatomi, pero a toda velocidad a través de los paisajes de la India.

Desde el primer momento, Kill arranca con fuerza. El tren sale de la estación apenas cinco minutos después de comenzar la película, llevándose consigo al protagonista, Amrit (Lakshya), su prometida Tulika (Tanya Maniktala) y su leal amigo Viresh (Abhishek Cauhan). Sin tiempo que perder, una banda de bandidos emerge de entre los pasajeros y comienza a desatar una ola de violencia, robando a todo aquel que encuentran a su paso.

La trama del robo es ingeniosa: ocurre durante un tramo de dos horas sin paradas, con los teléfonos bloqueados y los frenos de emergencia desactivados, lo que deja a los pasajeros atrapados sin posibilidad de escape. Salvo, claro, por Amrit y Viresh, los dos comandos del ejército que se encuentran en el vagón B1, quienes pronto pasan a la acción, desatando una serie de golpes y movimientos que hacen que los asaltantes se arrepientan de haber subido a ese tren. Amrit, que hasta ese momento había mostrado una faceta más tierna y enamorada de Tulika, se transforma en una verdadera máquina de combate, mientras su amigo, pese a su aspecto inofensivo, demuestra ser igualmente implacable.

Las secuencias de acción, caóticas pero cuidadosamente coreografiadas, se destacan por su claridad visual. Bhat consigue mantener al espectador orientado en todo momento, incluso cuando el tren se convierte en un campo de batalla. La energía desenfrenada de las peleas se complementa con una banda sonora potente, que mezcla guitarras rock, ritmos electrónicos y cánticos guturales, intensificando la atmósfera.

La necesidad agudizará el ingenio de Amrit, quien aprovecha cada recurso a su disposición, desde extintores hasta sábanas, transformándolos en armas letales. Junto a Viresh, utiliza los cuchillos que los bandidos traen consigo, y la película juega con esa violencia de forma creativa. En un momento destacado, ambos se enfrentan a un gigantesco villano, cuyas proporciones y fuerza parecen imposibles de superar.

Aunque la trama sigue un esquema predecible, con Amrit luchando para salvar a Tulika y enfrentándose eventualmente al líder de los bandidos, Fani (Raghav Juyal), Kill introduce giros inesperados en su estructura narrativa. Un punto crucial llega cuando Amrit se ve obligado a cruzar una línea que había intentado no cruzar: la de matar. Hasta entonces, él y Viresh habían evitado tomar vidas, pero cuando la violencia llega a su límite, Amrit se transforma en una verdadera bestia, desatando una ola de destrucción imparable. Lakshya encarna esta transformación con intensidad, y la violencia se vuelve más oscura, pero igualmente bien ejecutada.

Una elección inteligente de Kill que los bandidos son parte de una familia, lo que añade una capa de complejidad emocional. Cada matón que cae en manos de Amrit no es solo un enemigo, sino también el padre, hermano o primo de alguien más en el tren. Las reacciones de los familiares ante la carnicería se manejan de manera efectiva, permitiendo que la película explore tanto el placer visceral de la acción como el costo humano detrás de cada muerte.

En resumen, Kill – Masacre en el tren no solo es una película de acción frenética, con influencias de la saga John Wick, Atomic Blonde o The Raid; también es un thriller que logra balancear la adrenalina con momentos reflexivos, convirtiendo el tren en una metáfora de los ciclos de violencia y venganza que, una vez iniciados, no pueden detenerse.

Compartir: