Minions & Monstruos: una celebración del cine con el humor de siempre

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Este jueves se estrena en cines argentinos, una nueva entrega de los clásicos personajes animados creados por Illumination.

Pocas veces un personaje secundario logra adueñarse por completo de una franquicia. Eso fue exactamente lo que ocurrió con los Minions. Nacidos en Mi villano favorito (2010), creados por Pierre Coffin, Chris Renaud y Eric Guillon, estos pequeños secuaces amarillos comenzaron como simples asistentes de Gru y terminaron convirtiéndose en uno de los fenómenos más importantes de Illumination. Su humor físico, su idioma inentendible y esa mezcla de torpeza e inocencia los transformaron en íconos populares de la animación contemporánea. Ahora regresan con Minions contra los Monstruos, una aventura que, más que contar una nueva historia, decide rendir homenaje al lugar donde nacieron todos los sueños: Hollywood.

La película adopta una estructura que funciona en dos niveles. Para los más chicos es una comedia de aventuras repleta de persecuciones, monstruos, hechizos y el humor físico que convirtió a los Minions en un fenómeno mundial. Pero para los adultos —y especialmente para quienes aman el cine— es una auténtica declaración de amor a la historia de Hollywood y a los pioneros que construyeron el lenguaje cinematográfico.

Todo comienza en la época del cine mudo. Allí conocemos a James y Henry, dos Minions soñadores que parecen vivir en un universo diferente al del resto de la tribu. Mientras sus compañeros siguen obsesionados con encontrar al gran villano al que servir, James pasa sus días dibujando monstruos y criaturas fantásticas, junto a Henry, otro soñador empedernido.

Illumination’s Minions & Monsters, directed by Pierre Coffin.

El destino lleva a todos los Minions hasta los grandes estudios de Hollywood, donde, casi por accidente, terminan convirtiéndose en estrellas del cine mudo. Pero la llegada del sonido cambia por completo las reglas del juego. Incapaces de adaptarse a los diálogos, son desplazados por la industria. James, Henry y Ed, deciden aislarse para cumplir su deseo: filmar su propia película, abrazando ese espíritu de soñadores que remite inevitablemente a tantos pioneros del séptimo arte. En paralelo, el resto de los Minions continúa buscando a su líder ideal y termina siguiendo a Dort, un entrañable fanático de la ciencia ficción, los robots y las aventuras espaciales, que además encuentra el amor durante el viaje.

Y es justamente ahí donde la película encuentra su mayor virtud. Más que un simple homenaje, Minions contra los Monstruos recorre buena parte de la historia del cine. Desde los experimentos fundacionales de Eadweard Muybridge, los hermanos Lumière, pasando por la imaginación de Georges Méliès, hasta el humor físico de Buster Keaton, Charles Chaplin y Harold Lloyd, hasta la época dorada de los grandes estudios, los monstruos clásicos de Universal e incluso guiños a películas clásicas del cine, como Casablanca, El ciudadano y Tiburón. Todo aparece integrado con una naturalidad admirable, sin perder nunca el tono lúdico que caracteriza a la saga. Incluso hay un lugar especial para Ed Wood, reivindicando la figura del cineasta apasionado que filmaba impulsado más por el amor al cine que por el éxito comercial.

La narración adopta además un recurso muy ingenioso: una guía turística de los estudios Universal les cuenta esta historia a un grupo de niños y adultos que recorren el lugar. Desde allí la película se permite jugar constantemente con la historia del cine e incluso regalar algún cameo tan inesperado como divertido —entre ellos un simpático guiño a George Lucas— que seguramente sacará una sonrisa a los espectadores más cinéfilos.

Dentro de ese recorrido también aparecen personajes secundarios muy atractivos. Max, un refinado director europeo radicado en Hollywood, encuentra en James y Henry a los protagonistas ideales para la gran película que los excéntricos dueños del estudio esperan filmar desesperadamente. Es un personaje que parece condensar a muchos de aquellos grandes realizadores europeos que encontraron en Hollywood el lugar donde desarrollar su talento.

La primera mitad de la película resulta especialmente inspirada. No solo por la catarata de referencias cinéfilas, sino también porque ofrece algunos de los momentos más graciosos de toda la franquicia, especialmente cuando los Minions prueban suerte con una sucesión de villanos cada cual más ridículo que el anterior o cuando comienzan a experimentar las consecuencias de antiguos hechizos extraídos de un misterioso libro. Luego, el relato se vuelca hacia una aventura más convencional centrada en los monstruos que anuncia el título, sin perder del todo el encanto ni el humor que sostienen el conjunto.

Todo ese recorrido está acompañado por el sello visual inconfundible de Illumination, una animación colorida y una banda sonora llena de energía que potencia el espíritu aventurero de la historia. La película también dialoga con una de las herramientas narrativas más presentes del cine actual: la nostalgia. Pero aquí no aparece como un recurso vacío, sino como una auténtica celebración de la imaginación, de la creación artística y del propio acto de hacer cine.

Como siempre sucede con estas criaturas amarillas, los más chicos encontrarán una sucesión constante de gags visuales, persecuciones y humor físico. Los adultos, en cambio, descubrirán un sinfín de referencias cinematográficas y guiños que enriquecen la experiencia y convierten a la película en mucho más que una simple aventura infantil.

El elenco de voces (para aquellos que logren encontrar una función subtitulada) también suma nombres de enorme jerarquía. Allison Janney, Christoph Waltz, Jesse Eisenberg y Jeff Bridges, quien interpreta a dos personajes, aportan personalidad a un universo que combina comedia, aventura, fantasía y una profunda declaración de amor por el séptimo arte.

Es cierto que el desenlace termina abrazando algunas de las fórmulas habituales de la franquicia y resulta algo más previsible que su brillante primera mitad. Sin embargo, incluso durante los créditos finales la película sigue encontrando maneras de sorprender con pequeñas escenas adicionales que mantienen intacto su espíritu juguetón.

Minions & Monstruos es una aventura divertida, entrañable y cinéfila, capaz de hacer reír a los más chicos y de emocionar a quienes crecieron amando la historia del cine. Una nueva prueba de que estos pequeños personajes amarillos ya dejaron de ser simples secuaces para convertirse, hace tiempo, en auténticas estrellas de Hollywood.

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