La Familia Mitchells vs Las Máquinas. Crítica.

Llegó a Netflix, la nueva película de la misma productora creadora de Spider-Man: Into the verse.

Las familias y sus conflictos vienen siendo alimento de guión de cuanta película animada hollywoodense aparece. Los Increíbles, Intensamente, Onward e, inclusive, El Rey León. Todas ellas tomaban como matriz las relaciones hijos-padres, sobre todo cuando entran en la adolescencia. Les gusta describir a las familias impulsadas por conflictos «disfuncionales», porque mostrar una dinámica «normal» entre padres e hijos, no encontraría la manera de hacer que sea lo suficientemente atractiva como para sostener una película.

Acá el conflicto gira alrededor de los Mitchell: la conflictiva adolescente es Katie, (con la voz de Abbi Jacobson), el padre ludita Rick ( Danny McBride), la súper positiva madre pacificadora Linda (Maya Rudolph) y el tonto hermano pequeño Aaron (director Rianda), amante de los dinosaurios.  Katie sueña con ser cineasta, acaba de ingresar a la universidad en California y está ansiosa por salir de casa para ir a un lugar donde la gente «capte» su inadaptado sentido de la creatividad, como se ve en una serie de videos caseros de baja fidelidad (la mayoría de ellos protagonizados por un pug familiar Monchi). A esta artista incomprendida le encanta hacer garabatos, y su estética de encuadernación se desvanece en la película, una mezcla entre memes de Internet y corazones y arcoíris adornados a mano.

Katie desea que su padre la apoyara más, pero Rick no usa YouTube, lo que lleva a una posible ruptura en el vínculo padre-hija. En un último intento por arreglar las cosas, Rick cancela el vuelo de Katie y se compromete a llevarla a la escuela en su lugar, apilando a todos en la camioneta naranja y destartalada. Si esta habría sido una mala idea en circunstancias normales, agregue un apocalipsis de robots, y las probabilidades de salvar a esta familia, y mucho menos a toda la humanidad, se desploman de manera precipitada.

Como una ironía sobre el peligro de una dependencia excesiva de la tecnología, la nueva producción de Sony Pictures Animation ofrece una visión equilibrada de los pros y los contras de la cultura del smartphone. De esta manera, toma riesgos para no caer en la crítica fácil de «quienes no se adaptan a las nuevas tecnologías», y en lugar de regañar a los usuarios tecnológicos por deslizar, hacer tapping y perderse lo que consideran «la vida real», muestra como los jóvenes creadores digitales están logrando cosas increíbles y que, cuando se usa correctamente, esta forma de conexión puede ser una herramienta poderosa. 

Pero el film no solo se apoya en la reflexión sobre la tecnología, el director Michael Rianda y el guionista, con la ayuda de Sony Pictures Animation, logran que The Mitchells vs Las Máquinas se transforme en un deleite subversivo para los nuevos adultos, para los conocedores de la tecnología y para niños, por igual. El irónico alzamiento de las máquinas tipo Terminator, junto con la identificación universal, la maravillosa animación y muchas referencias cinéfilas, logran conjugar lo que podría considerarse un nuevo clásico del cine de animación apto para toda la familia.

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