Las Niñas de Pilar Palomero. Crítica.

Nominada a nueve premios Goya (incluyendo Mejor Película y Mejor Directora), ya se encuentra online la película que escarba en la adolescencia femenina en los noventa.

Las Niñas es candidata a alzarse con varias estatuillas en los Premios Goya

La adolescencia es una etapa de descubrimiento, pero también es una etapa difícil. Así parece interpretar esa edad Pilar Palomero en su ópera prima Las NIñas. La directora del exitoso film que viene cosechando elogios y premios en España, nacida en 1980, surcaba esa etapa en los noventa, años donde transcurre el film, más precisamente en 1992.

Conoceremos a Celia, su protagonista (Andrea Fandos), hija de madre soltera (Natalia de Molina). Está creciendo y a la vez su cuerpo está cambiando. Concurre a una escuela de monjas solo para niñas. El primer día llega Brisa (Zoe Arnao), una niña de Barcelona con un trágico pasado familiar. Las burlas de algunas compañeras por su condición de «huerfanas» y secretos sobre su pasado despiertan en Celia dudas de toda índole empiezan a alterar sus pensamientos. Ya no se conforma con las mentiras y silencios que su madre esgrime cada vez que cuestiona, por ejemplo, su origen. Además, la sociedad está evolucionando, aunque parece que su entorno –sobre todo ese colegio de monjas donde estudia– se empeña en frenar lo inevitable. Pero una nueva compañera traerá aires frescos a su cárcel particular.

El maravilloso comienzo con un coro de niñas haciendo mímica mientras otro grupo canta, es el presagio perfecto de lo que Pilar Palomero va a relatar. Lo que no se dice, las voces y los sentimientos reprimidos es la premisa principal. En una España ultra-conservadora, la directora nos sumerge en una «coming of age» personal, donde el principal sustento sobre el que se apoya es la expresiva Andrea Fandos, en el papel de Celia. Sus miradas llenas de dudas y curiosidad, junto con los momentos de risas cómplices con sus amigas y su frescura le aportan una entrañable nostalgia y sinceridad al film.

De manera inteligente, la directora elige no contar mucho sobre el pasado de la niña y su madre. Solo se sugiere que ambas se fueron de un pueblo en las afueras de Zaragoza por razones que nunca sabremos, aunque algo se nos revela cuando deben volver al pueblo por el fallecimiento de alguien y deba encontrarse con su madre y abuela, donde el incómodo silencio es el protagonista principal de la pequeña reunión. Así nos sumerge en las dudas de Celia, nos apropiamos de las mismas y nos sentimos liberados en un tierno final.

Su ritmo lento, donde parece que no sucede nada, puede alejarnos por momentos, pero de lo que sucede es en vano. En los pequeños hechos aparecen las sexualidades reprimidas, los mandatos sociales, la religión, la música como elemento catártico y de liberación en medio de los secretos familiares que hacen de Las Niñas un rompecabezas construido con espontaneidad, que logra emocionar sin caer en sentimentalismos, escondiendo detrás de un relato aparentemente infantil, el retrato de una época y una sociedad conservadora y represiva con las mujeres.

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