No Estoy Loca de Nicolás Lopez. Crítica.

El viernes 31 de julio de 2020 llega a plataformas Apple TV y Google Play la película del director chileno de Que pena tu vida, Que pena tu boda y Que pena tu familia.

Paz Bascuñan y Nicolás López intentan repetir el éxito de Sin Filtro.

En su noveno largometraje, Nicolás López sigue sumando comedia a su filmografía. En la misma línea que Sin filtro (2016), donde Paz Bascuñán interpretaba el papel que en Argentina hizo famoso Natalia Oreiro en Re Loca. Como era de esperar, ya que aquella fue la película más vista de la historia, el director repite ahora la actriz protagónica y a la mayor parte del elenco y del equipo de realización.

Carolina (Paz Bascuñán) es una periodista de una revista onda Cosmopolitan. Tiene un muy buen pasar acomodado junto a un marido que dirige comerciales (Marcial Tagle) y que para su cumpleaños 38 le regala una 4×4 y un viaje a las islas griegas. Tras ocho años de matrimonio, sin embargo, las frustraciones solapadas y la imposibilidad de tener hijos se ven coronadas por un acto de traición que la lleva al límite de lo soportable. Luego de un intento de suicidio a Carolina la internan en una clínica siquiátrica llamada «El Edén». En este manicomio, en el que se niega a quedar conocerá un grupo de internados particulares y a la vez se encontrará con la matriz real de sus conflictos.

Apelando a un sinfín de personajes con trastornos varios, que en un comienzo resultan insufribles para la protagonista, el film recorre con mucho humor el periplo de Carolina para poder recuperar la cordura o, en todo caso, aceptar su locura. Allí esas personas que parecen perdidas pronto se terminarán transformando en algo parecido a una familia. De la misma manera que de cada uno de ellos obtendrá una enseñanza.

Una madre que exige nietos para llenar un vacío y su soledad, una hija que se autoconvence que es un hijo lo que quiere, pero no por deseo propio sino por presión maternal. Un matrimonio que durante mucho tiempo se sostuvo por los silencios y se llenó de materialismo para tapar la crisis. Todas esas referencias, sumado a algún momento de humor, otros dramáticos y algún mensaje aleccionador, hacen de No estoy loca una interesante crítica de una realidad social que, poco a poco, va quedando en el pasado.

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