Oxígeno de Alexander Aja. Crítica.

Se estrenó en Netflix, la claustrofóbica película de ciencia ficción del director francés, responsable de films como Crawl y Haute Tension.

Melanie Laurent se carga toda la angustia y desesperación del encierro en el nuevo film de Alexander Aja.

Luego de su periplo norteamericano, Alexander Aja volvió a filmar en Francia. Furia y Haute Tension fueron sus dos irruptivas películas que sorprendieron al género de terror europeo. La buena recepción le permitió cruzar el continente y filmar en EEUU. Allí sorprendió con la impactante remake del film de Wes Craven, The Hill Have Eyes de 2006, lo que le sirvió para asentarse y seguir filmando en la meca del cine. Mirrors, la bizarra Piraña 3D, Horns, The 9th Life of Louis Drax y Crawl forman parte de una filmografía un tanto irregular pero valorada por los amantes del género que esperamos sus películas con ansiedad.

Ya en su última película demostraba un gran manejo de cámara para el suspenso y la tensión en un espacio cerrado. En Crawl, padre e hija quedaban encerrados en un pequeño sótano durante una tormenta en Florida, acosados por unos hambrientos cocodrilos. La inteligencia con la que aprovecha la reducida locación y jugar con con nuestros sentidos a través de planos secuencias en el húmedo sótano mientras el agua sube y los lagartos comienzan a sentirse a gusto con más cómodos para cazar, puso al film en la categoría de las mejores películas del prolífico 2019.

Esta vez el espacio físico se reduce mucho más, cuando Melanie Laurent (Arrevoi, Shoshanna) se despierta en una cámara criogénica sellada por fuera y llena de vías intravenosas. Qué hace allí y cómo llegó, no lo sabe. El único dato que tiene que su seudónimo es Omicron 267 y tiene un vago recuerdo de estar ingresando a un hospital. La cámara está monitoreada por una inteligencia artificial llamada Milo que le indica que su oxígeno se está consumiendo rápidamente, por eso deberá trabajar contrarreloj para poder escapar del lugar con vida y averigüar como llegó ahí.

Emulando a Buried de Rodrigo Cortés del 2010, Alexander Aja apela al minimalismo para filmar en plena pandemia, una demostración de que se puede hacer cine de calidad sin necesidad de grandes presupuestos ni efectos grandilocuentes. Solo una buena cámara, ubicada eficazmente desde distintos puntos del reducido espacio, sirve para sostener la historia, sin perder el ritmo, ni el dinamismo. Los recuerdos que van llegando a la cabeza, las llamadas al exterior que va haciendo la protagonista nos va armando el rompecabezas que nos llevará a entender quien es y que hace allí la protagonista, algo que es mejor no adelantar para no perder la sorpresa.

Melanie Laurent, famosa por su papel de Shoshanna en Bastardos sin Gloria, es quien cumple el rol de una especie de Ryan Reynolds del futuro. Una actuación plenamente física dentro del pequeño espacio, en donde deberá trasmitir su angustia y desesperación, que la pone en un umbral dramático muy alto, con un repertorio variado de sensaciones acorde al momento de la historia, ya sea la angustia, la desesperación y la esperanza de que va a poder salir a salvo de ahí.

Pero no solo del suspenso se nutre el film, también logra construir metamensajes dentro de esa capa de historia de ciencia ficción en la que se encuentra recubierta. La pandemia, recuerdos de una vida al aire libre, la pérdida de un ser querido por una enfermedad endémica, el ahogamiento por sentirse encerrado, la sensación delejana distancia con otros seres humanos; todos son factores que encuentran su correlato en la actualidad mundial. Lo mismo sobre el uso de la tecnologías, depender de las mismas para sobrevivir y la búsqueda de un lugar para poder reiniciar una vida plena, subtextos que irán apareciendo a medida que el relato avance.

Acostumbrados a un terror y un suspenso más visceral, Alexander Aja se aleja de sus inicios en la corriente extremista francesa para componer su film más maduro. En Oxígeno vuelve a demostrar toda su sapiencia para manejar los momentos y transmitir la sensación de agobio de la protagonista, pero esta vez le agrega señales que dan cuenta sobre el contexto actual para utilizarlos en beneficio de la historia hasta llevarnos a reflexionar sobre la pandemia, el encierro y darnos una luz de esperanza en el final.

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