Retrato de una Mujer en Llamas de Celine Sciamma.

Nuestra puntuación

Luego de dos años de larga espera llega a las salas nacionales la apasionante historia de amor ganadora del premio a Mejor Guión en el Festival de Cannes 2019.

Adèle Haenel y Noémie Merlant protagonizan Retrato de una mujer en llamas.

La mencioné como una de mis películas preferidas del 2020, el año que, debido al contexto de pandemia, no fue el mejor para la industria cinematográfica. Lo que no quita que, de haberla visto en el 2019, el más prolífico de los últimos años para el cine, se hubiese metido en el top ten. En un año donde disfrutamos de Parasite, Once upon a time in Hollywood, The Irishman, Joker o 1917, hubiese encontrado su lugar esta maravillosa producción francesa. Si le queremos sumar mística, le sumo que fue la última película que pude disfrutar en pantalla grande antes del cierre de las salas, en el marco del Festival de Cine Francés 2020. Por eso la noticia que se estrene en salas argentinas la anteúltima película de Celine Sciamma (este año estrenó Petite Mamman) es una de las mejores noticias que podíamos tener los amantes del cine.

La historia está ambientada en Francia, 1760. La artista Marianne (Noémie Merlant) recibe el encargo de pintar un retrato de boda de Héloïse (Adèle Haenel), una joven reprimida que hereda el destino de su hermana recientemente fallecida. Héloïse ha estado en manos de las monjas en un ambiente de convento estéril y cruel. Héloïse demuestra su infelicidad y se muestra reacia a ser novia, por eso se ha negado a ser retratada, ya que cree que esto acelerará su inminente perdición a un matrimonio arreglado. Por eso, frustrada por la negativa de su hija, la madre La Comtesse (Valeria Golino) contrata a Marianne bajo el disfraz de dama de compañía, así puede observar a Héloïse de día y pintarla en secreto de noche. 

Pero a medida que las dos se orbitan entre sí, con pocas palabras y muchas miradas, somos testigos de la intimidad y la atracción que crece, mientras comparten los primeros momentos de libertad de Héloïse. En ese plano son fundamentales las soberbias actuaciones de Noémie Merlant y Adele Haenel. Gracias a ellas dos, que logran que todo se cuente en una combinación perfecta de largas miradas conmovedoras y breves ojeadas significativas. Es el lenguaje corporal de ambas lo que hace sentir el anhelo y la atracción como si estuviera dentro de tu propia piel, siempre apoyadas por una iluminación, encuadre y decorados que configuran a una pintura dentro de sí mismo. 

El diálogo se usa con moderación y cuando aparece significa algo profundo y mejora el impulso de la historia. Hay poca música en la película, quizás en paralelo a la falta de la misma que sufre Héloïse en su vida, pero cuando se usa lo hace de manera perfecta, como en la escena de la playa donde muchas mujeres de todos los ámbitos sociales de la vida se juntan y cantan una canción llamada Non Possunt Fugere, que significa que no pueden escapar en latín. O cuando escuchamos la pieza musical favorita de Marianne, que interpreta para Héloïse, y vemos por primera vez vemos a Héloïse enamorarse de Marianne. 

El poder del retrato es lo que ilumina la película, a través de la creación de la obra vemos como las dos mujeres trabajan en sociedad, y después de verse de verdad, se enamoran. El retrato se convierte en un testimonio del amor, y gracias a ello somos testigos de una comunicación desgarradora pero emocionante que comparten entre ellas. Las mujeres, la pura belleza y el poder femenino, son destacadas por Sciamma a la perfección en la película. Los personajes, aunque de diferentes clases, aspiraciones y motivaciones, se muestran solidarios entre sí, subrayando así, la inmensa fuerza de las mujeres.

Por eso, Retrato de una mujer en llamas no es solo una historia de amor lésbico, aunque el amor es el tema central. Es una historia sobre mujeres, contada por una mujer, a través de una mirada femenina. También una historia sobre la fuerza de todas las mujeres, incluso cuando se enfrentan a circunstancias casi imposibles y sin opciones. Aquí todo se reduce a la mirada que constata la existencia del otro, de ahí llega el acercamiento y el deseo. La pasión que envuelve a las inolvidables protagonistas de este relato que aborda un sinfín de cuestiones contemporáneas del universo femenino. El cuarto largometraje como guionista y director, Celine Sciamma denuncia la idea errónea de la mujer como simple musa superficial para el ojo de un hombre, con dos mujeres creando una pintura, cuyo resultado no es una simple lienzo, sino una película sorprendentemente bella y cruda, a la vez.. 

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