Este jueves se estrena en cines argentinos una nueva entrega del superhéroe arácnido creado por Stan Lee y Steve Ditko.
Después de Avengers: Endgame, Marvel nunca volvió a recuperar aquella sensación de acontecimiento permanente que convirtió al Universo Cinematográfico en un fenómeno irrepetible. Entre películas irregulares y un multiverso cada vez más difícil de sostener, el estudio fue perdiendo parte del impulso que lo llevó a dominar la taquilla durante más de una década. En ese contexto, Spider-Man sigue siendo una excepción. Más allá de los altibajos de la franquicia, tras De regreso a casa (2017), Lejos de casa (2019) y Sin camino a casa (2021), esta cuarta entrega dentro de MCU sobre el torturado superhéroe arácnido apunta a ampliar ese universo de Marvel Peter Parker continúa siendo uno de los personajes más queridos del universo Marvel y cada nueva aparición genera una expectativa que pocos superhéroes conservan.
Spider-Man: Un Nuevo Día retoma la historia exactamente donde terminó Sin Camino a Casa. Peter Parker quedó completamente solo. Sin la tía May (Marisa Tomei), sin MJ (Zendaya), sin Ned (Jacob Batalon) y sin nadie que recuerde quién es realmente. Alejado de cualquier vínculo afectivo, dedica sus días a combatir el crimen en Nueva York mientras intenta reconstruir una vida que ya no le pertenece. Pero esa aparente rutina cambia cuando comienza a manifestarse una transformación inesperada. Algo despierta dentro de él. Una fuerza mucho más poderosa, salvaje e irracional empieza a ganar terreno, obligándolo a enfrentarse no solo a nuevos enemigos, sino también a la parte más oscura de sí mismo.
Ese conflicto encuentra un interesante espejo en la aparición de Bruce Banner. La relación entre ambos personajes funciona como uno de los aspectos más atractivos de la película, ya que ambos comparten el peso de convivir con un monstruo interior que amenaza con tomar el control. Paralelamente, un nuevo villano con la capacidad de dominar cuerpos mediante telepatía comienza a sembrar el caos mientras busca un misterioso elemento oculto por la organización Control de Daños, construyendo una amenaza que mantiene en movimiento la historia sin revelar demasiado de sus verdaderas intenciones.

En ese plano, el reparto también suma varios nombres importantes del universo Marvel que funcionan como puentes hacia el futuro de la franquicia. Jon Bernthal regresa como Frank Castle / Punisher, en esa siempre atractiva dinámica donde nunca queda del todo claro si actúa como aliado o como enemigo de Spider-Man. Michael Mando recupera a Mac Gargan / Escorpión, mientras que Mark Ruffalo vuelve a interpretar a Bruce Banner / Hulk. También aparece Florence Pugh como Yelena Belova / Viuda Negra, cuyos breves momentos en pantalla aportan algunas de las escenas más graciosas del film gracias a su habitual carisma. Pero quizás la incorporación que más expectativas genera de cara al futuro sea la irrupción de Sadie Sink como la mutante Jean Grey, una presentación que amplía todavía más el horizonte del nuevo Universo Marvel.
Las escenas de acción mantienen la efectividad habitual del personaje. Los clásicos recorridos por los edificios de Nueva York siguen siendo uno de los grandes atractivos visuales de la saga, mientras que una extensa secuencia ambientada en una prisión, con la presencia de los Ninjas de la Mano, aporta algunos de los momentos más logrados del film. Sin buscar reinventar el género, la dirección apuesta por una puesta en escena más cuidada, con combates mejor coreografiados y un trabajo visual que privilegia la composición antes que la espectacularidad desmedida, que de todas maneras se ´presenta en una gran persecución a un tanque por las calles de Nueva York y la habitual brutalidad de las escenas de Hulk..
La banda sonora también acompaña ese tono más juvenil, incorporando canciones de TV on the radio y Tame Impala, que aportan frescura y personalidad a distintos pasajes del relato. Poco a poco, la película intenta recuperar aquel espíritu más cercano que distinguió a las primeras aventuras de Tom Holland, especialmente en los momentos en que vuelve a aparecer el humor y la química que Peter compartía con Ned, uno de los aspectos que hicieron tan entrañable el comienzo de esta etapa del personaje.
Sin embargo, la película también evidencia algunos problemas que Marvel todavía no logra resolver. Sus dos horas y veinticinco minutos terminan resultando excesivas y la narración gira demasiadas veces sobre los mismos conflictos emocionales de Peter. Esa insistencia provoca una sensación de repetición que le resta fuerza a varios momentos importantes y vuelve el desarrollo más redundante de lo necesario.
Spider-Man: Un Nuevo Día no alcanza los mejores momentos del héroe arácnido ni consigue devolverle al Universo Marvel el brillo de sus años más inspirados. Pero funciona como un entretenimiento sólido, con buenas escenas de acción, un conflicto interesante alrededor de la identidad de Peter Parker y el suficiente carisma como para sostener el interés. Quizás no marque un nuevo comienzo para Marvel, pero sí demuestra que, incluso en tiempos de desgaste, Spider-Man sigue siendo uno de los pocos héroes capaces de mantener viva la ilusión de que todavía quedan buenas historias por contar.