Torrente Presidente: cuando la realidad ya es parodia

Nuestra puntuación

Después de 12 años de su última entrega, se estrena en cine argentinos, la sexta entrega del clásico personaje creado por Santiago Segura.

Hay algo inevitable al enfrentarse a una nueva entrega de Torrente Presidente: preguntarse si todavía es posible hacer humor político cuando la realidad parece haber superado cualquier ficción. En ese contexto incómodo, Santiago Segura vuelve a poner en juego a su criatura más emblemática… y, contra todo pronóstico, logra que funcione.

Esta sexta entrega abraza de lleno la sátira política. Torrente ahora es tentado para meterse en el juego electoral, y lo que sigue es una parodia feroz —y desfachatada— del circo político contemporáneo. Desde campañas absurdas hasta debates delirantes, la película encuentra su mejor versión cuando se ríe de un sistema que ya de por sí roza lo caricaturesco. Como buen cinéfilo, Segura también se permite jugar con referencias, parodiando clásicos del cine político —con guiños evidentes a Citizen Kane— y mezclándolos con el ADN propio de la saga.

Pero más allá de lo político, Torrente Presidente funciona también como una celebración nostálgica. Desfilan personajes históricos del universo Torrente: Amparito (Neus Asensi), Cuco (Gabino Diego), Rafi (Javier Cámara), Rin Rin (Kiko Rivera), y varios más, en una especie de reunión que apela directamente a quienes crecieron con la saga. A eso se suman cameos sorpresa —algunos internacionales y cancelados — que es mejor no arruinar.

Si hay una diferencia con entregas anteriores, es que baja un poco el nivel de escatología más burda, pero sube el tono en lo político. Sigue siendo incorrecta, incómoda y provocadora —Torrente no cambia—, pero ahora el foco está más puesto en el discurso y en el contexto. La referencia al momento político actual español es evidente, con nombres como NOX (parodia de Vox), pero también al contexto muncial con la aparición de Javier Milei (con chiste incluido sobre los argentinos) hasta un encuentro con Donald Trump. Dentro de ese esquema, hay momentos que funcionan muy bien —el debate es uno de ellos— y, como es tradición, el cierre se inclina hacia la acción desbordada.

Torrente Presidente entiende perfectamente qué es: una comedia deslenguada que se ríe de todo y de todos. Y en tiempos donde la realidad parece escrita por un guionista en estado de delirio, eso ya es bastante.

Compartir: