Tus Amigos y Vecinos: el derrumbe elegante del sueño americano

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Con solo tres capítulos, la nueva serie de Apple TV promete ser el regreso triunfal de Jon Hamm al mundo de las series.

Jon Hamm se ganó un lugar en la historia de la televisión con Mad Men, encarnando a Don Draper: un publicista brillante, alcohólico, carismático, infiel y tan fascinante como vacío. Era un hombre atrapado en la construcción de su propia imagen, y en el silencio que quedaba detrás de los slogans. En Tus Amigos y Vecinos, la nueva serie estrenada el 11 de abril por Apple TV, Hamm retoma ese tipo de figura masculina rota —aunque esta vez lo hace sin traje, sin glamour, sin poder real—. Coop, su personaje, está derrumbado desde el primer minuto: literalmente en el piso, ensangrentado, al lado de un cadáver. Y mientras intenta borrar su rastro del crimen, entendemos que esa no es la verdadera caída. La historia recién empieza.

Al igual que en Breaking Bad u Ozark, esta serie nos invita a ver cómo un hombre común (aunque en este caso millonario) se desliza por la pendiente de la ilegalidad. Pero a diferencia de Walter White o Marty Byrde, Coop no busca justificar sus actos con un “todo sea por la familia”. Lo suyo es más existencial. Después de descubrir a su exesposa Mel (Amanda Peet) con su mejor amigo, un ex NBA llamado Nick Brandes (Mark Tallman), y tras perder su trabajo por una aventura casual con una desconocida, Coop queda flotando en la nada. Vive solo, en una mansión que no puede pagar, mientras sus hijos adolescentes crecen a distancia emocional.

La serie fue creada por Jonathan Tropper, conocido por explorar las tensiones familiares y los dilemas masculinos en ficciones como Banshee y Warrior. Su pulso narrativo, entre el drama íntimo y el thriller cargado de violencia contenida, se siente desde el primer episodio. Además, el proyecto cuenta con la participación de Craig Gillespie (Yo, Tonya y Cruella), cuya mirada irónica y estilizada sobre los personajes en crisis aporta una capa visual tan atractiva como inquietante.

Tus Amigos y Vecinos es una exploración ácida de la crisis de la mediana edad, de esos hombres ricos que quieren recuperar el control de su vida y terminan hundiéndose en su propia desesperación. A través de flashbacks que revelan la vida familiar de Coop —con su hermana Ali (Lena Hall), sus hijos y su exesposa—, la serie construye a un personaje mucho más tierno y contradictorio de lo que parece. No es solo un cínico dolido. Es alguien que todavía cree, con ingenuidad, que puede entender cómo funciona el mundo.

Mientras los capítulos (hasta ahora hay tres, con uno nuevo cada viernes) avanzan, Coop se obsesiona con su comunidad: Westmont Village, un suburbio tan exclusivo como podrido. Allí, entre relojes de 250 mil dólares, vinos de 30 mil y fiestas que parecen sacadas de un comercial de perfume caro, nadie es feliz. Todos están actuando. En un giro inesperado, Coop empieza a robarles no solo para llenar un vacío, sino para verlos por dentro. Para comprobar si detrás de tanta riqueza hay algo real. Y lo que encuentra es devastador: traiciones, infidelidades, apariencias sostenidas con alfileres.

La serie se convierte así en una mirada sobre el sueño americano. Uno que, desde este lado del mundo, suena casi caricaturesco: ¿quién tiene 250 mil dólares para un reloj? Pero la crítica va más allá del lujo. En realidad, habla de lo mismo que hablaban Draper, White y Byrde: la soledad, el vacío, el miedo al fracaso y la fantasía de poder controlarlo todo.

Las subtramas aportan matices y humanidad a esta tragicomedia de excesos: Mel parece haber logrado una relación sana con Nick, pero no se siente reconocida; Barney (Hoon Lee), el mejor amigo y gerente de Coop, enfrenta una bancarrota que oculta con vergüenza; Samantha (Olivia Munn), amiga de Mel, navega un divorcio cruel y sin tregua. Pero son los hijos de Coop quienes tal vez revelan más sobre lo que él ha perdido: Tori (Isabel Gravitt), con 17 años, se esfuerza por entrar a la universidad mientras sostiene una relación con un chico de 20, una situación que la enfrenta al juicio social y al desconcierto de su padre; Hunter (Donovan Colan), más chico, busca ser visto, destacar, tocar algo que le dé identidad, y lo encuentra —o al menos lo intenta— en la música, tocando la batería con sus amigos en una banda escolar.

Todos, como Coop, están intentando no perderse. En medio de sus miedos, frustraciones y máscaras, cada personaje representa una grieta distinta del modelo de vida que parecía garantizado por el éxito. Tus Amigos y Vecinos no es solo un policial ni una sátira social: es el retrato de una comunidad en ruinas disfrazada de postal. Una tragedia con sonrisa forzada.

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