Wrong Turn de Mike P. Nelson. Crítica.

Se estrenó online el primer slasher del año, un interesante revisitado de un clásico del terror de videoclub de principios de 2000.

Mathew Modine y Charlote Vega son padre e hija en la nueva versión del clásico slasher.

Wrong Turn (2021), dirigida por Mike P. Nelson, es un reboot o remake, como quieran llamarlo, de la película de 2003 de Rob Schmidt que derivó en seis secuelas. Era la historia de una familia de carnívoros cazadores que vivían en el bosque y se dedicaban a capturar a los curiosos visitantes que se atrevían a meterse en su territorio. A pesar de ser un tema repetido (The Hill Have Eyes o The Texas Chainsaw Massacre) tuvo éxito dentro de los fanáticos del slasher y el blockbuster de principios del 2000. La cuestión es que, a la hora de afrontar el reboot de un clásico dentro del género de terror, se puede optar por dos caminos: uno, si la original es mejorable, adaptar la misma fórmula con mejores medios para obtener un resultado superior, pero si la clásica ya tuvo éxito y para los fans puede ser insuperable lo mejor que se puede hacer es realizar algo totalmente distinto para intentar sorprender. Ese segundo camino es el optado por este reboot de Wrong Turn.

La película sigue el punto de vista de Jennifer (Charlotte Vega), una joven que siempre elige tanto en las discusiones como en las acciones el camino «supuestamente» correcto, pero quien se desvía es su novio Darius (Adain Bradley). Por querer encontrar un fuerte de la época de la Guerra de Secesión arrastra a todo el grupo por la ladera de la montaña. En el juego simbólico de la película hay aquí un hecho importante: los jóvenes se salen del camino y desoyen los consejos de los lugareños. Así se inicia la primera de las narraciones de terror: los jóvenes están encerrados y perdidos en un bosque repleto de trampa, habitado por otras criaturas más allá de la flora y la fauna. La segunda película de terror se inicia cuando algunos de los personajes que pueden sobrevivir, porque evidentemente otros quedan en el camino, llegan a manos de una civilización perdida en el bosque, que vive allí desde el siglo XIX porque teme la disolución de la sociedad estadounidense. El drama de encierro y persecución se transforma en un relato sobre una secta, a lo Midsommar pero sin la factura visual de la película de Ari Aster. La otra línea narrativa es la búsqueda que hace Scott (Matthew Modine), el padre de Jennifer. Unas semanas después de iniciada la excursión de los jóvenes, y ante la falta de comunicación, Scott viaja al mismo pueblo que su hija para intentar rastrearla.

Acá conviven al menos dos películas distintas, primero hay una capa política en el relato, que se expresa sobre todo en una de las dos líneas centrales de la narración. En ella un grupo de seis amigos que conforman tres parejas, una multirracial, otra homosexual y una última blanca y heterosexual, llegan a un pequeño pueblo cerca de los Montes Apalaches para hacer base antes de iniciar una serie de excursiones de trekking por la naturaleza. Los jóvenes son urbanos, hipsters, universitarios y están preocupados por temas como la diversidad sexual y el medio ambiente. Además trabajan en industrias de vanguardia vinculados a la energía sustentable y el software. Están por momentos tan estereotipados como los pueblerinos que se les oponen. En el pueblo, estos personajes se encontrarán rodeados de banderas confederadas y lugareños hostiles que de todas maneras les advierten que tengan cuidado en el bosque.

A partir de conocer a los habitantes dentro del bosque surgen preguntas que la película trata de poner sobre el tapete: ¿Es el estilo de vida occidental basado en el capitalismo y en el materialismo lo mas acertado?, ¿Es justa una sociedad dónde los mas fuertes y poderosos se aprovechan y explotan a los mas desfavorecidos y débiles para beneficio propio?. En un mundo hiper conectado y globalizado dónde todos dependemos de una sociedad que en ocasiones puede parecer injusta, seguro que en más de alguna ocasión hemos pensado si podría existir otra forma de vivir, mas justa, armoniosa, con un mayor equilibrio con la naturaleza y autosostenible. Aunque suene casi idílico, cabe preguntarse si algo así podría llegar a existir, y de ser asía hasta donde somos capaces de llegar para defenderlo.

En Wrong Turn hay muchos excesos, (hasta en las cuchilladas que le propina Jennifer a sus víctimas), que hacen que la hora y cincuenta minutos de duración se vuelva desproporcionada para este tipo de películas pero de todas maneras funciona con momentos que rozan el delirio. Se valora que sea una película que trata de no caer en lugares comunes del género y toma riesgos, porque no se apoya sobre la fórmula repetida del género slasher contemporáneo y trata de darle un componente político y social, cómo sucedía en los clásicos de los ochenta. Además, de yapa, nos regala un buena escena para los créditos finales.

Nuestra puntuación
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