Producida por A24, este jueves se estrena en cines la segunda película de la directora coreana, protagonizada por Dakota Johnson, Chris Evans y Pedro Pascal.
Celine Song vuelve al centro del ring emocional con Amores Materialistas, una comedia romántica en tiempos de inflación afectiva. No está a la altura de su maravillosa ópera prima, Vidas Pasadas, pero su mirada vuelve a ser aguda, sensible, y consciente del tiempo que vivimos: relaciones sentimentales atravesadas por la precariedad económica, la ansiedad de clase, y la incertidumbre tecnológica.
Lucy (interpretada por Dakota Johnson) es la clásica mujer de clase media trabajadora neoyorquina. Pero con una particularidad: se dedica profesionalmente a emparejar personas. No desde el azar romántico, sino desde la planificación: trabaja para una empresa que arma citas, analiza perfiles, interpreta gustos, y acompaña a cada cliente hasta el objetivo último: el matrimonio. Lucy acaba de concretar su noveno compromiso exitoso. Su vida parece ordenada, casi blindada emocionalmente, hasta que aparece alguien del pasado.
John (Chris Evans) trabaja como mozo en el catering de una boda de una clienta. También es su ex. El clásico actor independiente neoyorquino que vive en un departamento compartido, lucha por hacer carrera, y todavía sostiene una obra en una pequeña sala alternativa. Lucy y John habían roto por la inestabilidad económica de él, una inestabilidad que contaminaba todo: la convivencia, el deseo, el futuro. Pero ahora ese pasado vuelve, y algo se enciende.

Como estamos en una comedia romántica, aparece el tercero en discordia: Harry (Pedro Pascal), hermano de la novia. Empresario exitoso, heredero de la firma familiar, elegante, seguro y seductor. Un combo tentador para cualquiera. Lucy inicia una relación con él: hay estabilidad, hay planes, hay un futuro posible. Pero John —con su vida precaria, pero con una intensidad que nunca se apagó— sigue ahí. Observando, interviniendo, desacomodando el guión que Lucy creía cerrado.
Más allá de sus enredos, Amores Materialistas no se explica sólo por su valor como comedia romántica. Es también una muestra de la versatilidad de Celine Song para adaptarse a un micromundo (más «norteamericano») de pareja distinto al que planteaba en Vidas Pasadas , para abrir una conversación más amplia que se viene desarrollando hace tiempo: cómo amar, cómo vincularse, cómo proyectar, en un mundo que nos exige una estabilidad que ya nadie puede garantizar. Es una comedia romántica con formato clásico, sí. Pero también una exploración incómoda sobre las relaciones humanas en la era del hipercapitalismo emocional.