Bahía Blanca de Rodrigo Caprotti. Crítica.

Dentro de la Competencia Internacional del BAFICI, se estrenó la ópera prima basada en el libro de Martín Kohan.

Guillermo Pfenning protagoniza Bahía Blanca, basada en la novela de Martín Kohan.

Es conocida la notable mano de Martín Kohan como novelista. Cada libro de él es un evento literario clave dentro de lo que es reflejar lugares y momentos de la historia argentina. Pero en cada uno de sus libros también aparecen obsesiones y secretos como herramienta de construcción narrativa como en Dos Veces Junio, Ciencias Morales y Bahía Blanca. Ahora, ¿como será trasladar un libro de tan eximio escritor al cine? ¿Cómo condensar todo ese universo en una hora y media?.

Todo comienza cuando Mario (Guillermo Pfenning), un profesor de humanidades es autorizado (pequeño cameo de Martín Kohan) para viajar a Bahía Blanca para realizar una investigación sobre el escritor Ezequiel Martínez Estrada. Recién llegado, se pone a deambular por la ciudad buscando evadirse, perder concentración, dejar de obsesionarse con algo que no lo deja estar en paz. Sabemos que lleva un bolso de mano con poca ropa que aquel bolso contiene un objeto, una cartera llena, pero algo perturba la conciencia de Mario. Conocerá a un vecino profesor de física, que le contará historias de la ciudad (sobre todo la leyenda de que es mufa).

Referencias a las calles principales, la visita a Ingeniero White y a un cabaret llamado Black Cat, donde mantendrá relaciones con la joven y malhumorada empleada (Ailin Salas) del cyber de Bahía Blanca que le recomendó el lugar; la insistencia de unos fanáticos católicos de llevarle la palabra de Dios y la liberación de «la culpa». Bahía Blanca parece ser el lugar ideal para dejar atrás el pasado, hasta que justo en el momento de volver a casa, el encuentro con Ernesto Sidi (Javier Drolas), un viejo amigo (curiosamente un continuista cinematográfico) le remueve todo el pasado y una inesperada confesión saldrá a la luz. La vuelta a Capital y el reencuentro con su ex esposa (Elisa Carricajo), lo lleva a volver a Bahía Blanca para intentar recuperar la relación.

La notable actuación de Guillermo Pfenning es el faro sobre el que se guía al film. Su composición de Novoa encuentra al actor en uno de los puntos más altos de su carrera. Sus gestos, sus miradas perdidas junto con las voces del narrador que resuenan en su cabeza nos trasnmiten las sensaciones angustiantes de un personaje obsesivo y neurótico carcomido por la culpa. A esa actuación se le agrega la aparición de Elisa Carricajo como la ex esposa, que nos entrega un brillante monólogo final que terminará por devastar al personaje principal.

La religión, la ira de Dios, las supersticiones, las ciencias, todo forma parte del universo de Bahía Blanca. La primera mitad del film se debate entre cuestionamientos y obsesiones, pero lo que parecería no ser otra cosa que la exploración de una ciudad en medio del drama interior de Mario, un personaje neurótico y obsesivo, se transforma con la aparición de Sidi. El exilio voluntario encuentra un motivo tanto en el orden de los hechos como en el plano de los sentimientos. El abrupto cambio que provoca «una siniestra confesión» cambia el clima inicial, tranformando al film en un thriller psicológico onírico y potente, que hace que lo que parece no tener sentido cobre mayor relevancia. De esta manera, Rodrigo Capriotti logra llevar adelante la difícil tarea de adaptar un libro al formato audiovisual de manera inteligente y dinámica.

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