Llega este jueves a las salas argentinas la nueva película del director irlandés, nominada a siete Premios Óscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección.
Estamos en 1969, Buddy (Jude Hill) es un niño de nueve años que vive con su padre, su madre y un hermano mayor en una calle de clase trabajadora en Belfast. Su padre trabaja en la construcción en Inglaterra y vuelve a casa algunos fines de semana, sus abuelos viven cerca, al igual que muchos primos y amigos. Todos en el barrio se conocen de toda la vida y funcionan como una gran familia. Pero los disturbios comienzan cuando los protestantes aparecen atacando violentamente las casas y tiendas de los católicos. Se improvisan unas barricadas vigiladas en las calles para poder defenderse. Mientras católicos y protestantes están en guerra entre sí en el conflicto conocido como The Troubles, el joven Buddy, que vive con su Ma (Caitriona Balfe), Pá (Jamie Dornan), los abuelos (Judi Dench y Ciarán Hinds), y un hermano mayor (Lewis McAskie), ve el mundo con inocencia y esperanza. Se deleita jugando en las calles de la clase trabajadora y explorando sus alrededores e incluso está enamorado de la linda chica de la escuela cuya familia es católica .
El padre de Buddy trabaja en Inglaterra para pagar las crecientes deudas del pasado como carpintero y vuelve a casa para ver a su familia los fines de semana, dejando gran parte del trabajo de criar a Buddy y su hermano mayor a su madre. El padre es un pacifista y trata de impartir esa postura a su familia, incluso cuando fuertes partidarios protestantes en el vecindario intentan que el padre se una a su causa, en sus esfuerzos por librar el área de católicos. A medida que la situación entre las dos partes se intensifica, la idea de que la familia se mude a Inglaterra, donde él trabaja, o incluso a Sydney o Vancouver comienza a cobrar fuerza.
Apelando a una fórmula que viene repitiéndose mucho en el cine (Jojo Rabbit, la más resonante), Belfast es una exploración evocadora de la infancia de un niño protestante de nueve años en medio de un conflicto social. Hecha principalmente en blanco y negro, con la excepción de metraje de Belfast contemporáneo al principio, una representación teatral de A Christmas Carol, y cuando Buddy está viendo One Million Years BC y Chitty Chitty Bang Bang con su familia en una sala de cine y la pantalla se colorea de repente. Estas escenas de sirven para insertarnos en la idea del amor de Branagh por el cine y el teatro y lo que sería su futura carrera como cineasta; incluso en un momento veremos a Buddy leyendo un comic de Thor, cuyas películas del universo marvel sería encargado en dirigir.
Engalanada con la música de Van Morrison (ocho canciones clásicas y una nueva canción que escribió para la película), Belfast es para Kenneth Brannagh lo que Roma fue para Alfonso Cuarón, una exploración nostálgica e inocente en momentos conflictivos, con la diferencia de presentarse como un relato más dinámico y entretenido, que la soporífera película del director mexicano. Con un toque sentimental pero intransigente, el director irlandés muestra cómo fue para él cuando era niño durante esta época turbulenta y nostálgica en Belfast, con una fórmula esquemático, que ya vimos en muchas oportunidades pero que, así y todo, sigue dando buenos resultados.