[Crítica] Wish: El Poder de los deseos de Chris Buck

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Este jueves se estrenó en cines, la nueva producción de Disney que vuelve a la formula que tantos éxitos le dió.

Wish: El Poder de los Deseos es la más reciente creación de Disney, encabezando la celebración de los 100 años de la icónica empresa. Este filme se sumerge en la nostalgia de los históricos clásicos de la compañía, fusionando elementos familiares como canciones que rinden homenaje a las películas más queridas de Disney.

La trama de Wish narra la lucha de una joven contra un rey aparentemente benevolente. Este monarca controla secretamente a sus súbditos mediante un único deseo. El reino de Rosas, gobernado por Magnifico (voz de Chris Pine), un hechicero que concede deseos según su agenda, se ve amenazado cuando la aprendiz Asha (voz de Ariana DeBose) descubre sus verdaderas intenciones, para liberar al pueblo, recurre a un deseo concedido por una estrella para enfrentarse a Magnifico.

Los cineastas, Buck y Fawn Veerasunthorn emplean los tropos de cuentos de hadas, recreando la narrativa inicial a través de un libro ilustrado para niños. Aunque la estética de Wish intenta emular la simplicidad de los antiguos filmes de Disney y ofrece guiños a clásicos como Bambi, Peter Pan y Blancanieves. Introduce la figura de una estrella mágica, que se convierte en una bola de energía adorable que otorga el habla a los animales, generando situaciones cursis con diálogos poco ingeniosos y personajes poco desarrollados.

En el afán de evocar la magia de los antiguos clásicos de Disney y los cuentos de hadas, Wish: El Poder de los Deseos termina sintiéndose como una débil imitación de sus predecesores que no logra captar la esencia que las hizo inolvidable, dejando la sensación de ser una reproducción superficial, que solo sirve para pasar el rato, gracias a que tiene un repertorio de canciones decentes y pegadizas.

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