El Hombre Invisible de Leigh Whannell. Crítica.

Se encuentra en HBO la película inspirada en la novela de H. G. Wells, donde Universal y Blumhouse se reunieron para traer una nueva adaptación del clásico monstruo de la legendaria productora cinematográfica.

Elizabeth Moss se luce en la nueva versión de El Hombre Invisible.

Luego del fiasco de La Momia del año 2017, donde Universal Pictures trató de relanzar la franquicia de los monstruos clásicos del género de terror, esta vez le tocó el turno a El Hombre Invisible. Como la productora no quería volver a repetir viejos errores, que mejor que aliarse con quién más sabe del género en este momento: Jason Blum y su productora Blumhouse, responsable de películas como Huye! de Jordan Peelle, Sinister de Scott Derrickson y Split de Shyamalan, entre otras. Pero para que nada vuelva a fallar era necesario conseguir un buen director, y para eso citaron al promisorio Leigh Whannell, un asiduo colaborador de James Wan en los guiones de El Juego del Miedo y La Noche del Demonio. Su único antecedente como director era la sorprendente Upgrade (está para ver en Netflix) del año 2018, una historia de ciencia ficción que sorprendió a más de uno. Una película que parecía salida de un capítulo de Black Mirror, con mucha, violencia y buenos efectos de cámara, pero que también funcionaba como un drama triste y profundo.

Con todos esos antecedentes llegaba la nueva película de El Hombre Invisible, adaptación libre del propio director, que cuenta la historia de Cecilia, una arquitecta que decide escaparse del hogar que comparte con su abusivo y controlador marido, un reconocido científico. Encerrada en la casa de un amigo de la hermana, con pánico a salir a la calle, se entera que su ex marido se ha suicidado, dejándo una suma importante de dinero. Sin embargo, su sentido de la realidad se pone en tela de juicio cuando comienza a sospechar que su ex novio en realidad no está muerto, como había pensado.

Claramente el film se divide en dos partes, la primera apoyada en clásicos del cine como El Ente de 1982, mezclado con Durmiendo con el Enemigo de 1991 que tocaban el tema de la violencia de género de distintas maneras. En formato sobrenatural la primera, aunque esté basada en un hecho real, y con mayor realismo la segunda. Leigh Whannell logra en esa primera mitad insertar al espectador en el drama de Cecilia, con las secuelas propias del trauma generado por su ex marido, pero también la mirada de los que la rodean y tratan de ayudarla. Toda esa angustia con la que acompañamos a la victima en ese proceso, tendrá un quiebre a partir de la segunda parte, con un momento que conviene no saberlo de antemano para no desaprovechar el efecto sorpresa.

A partir de ahí el film no solo gana en acción y suspenso, sino que cobra mayor dinamismo. De manera similar a su anterior película, el director nos mete en una historia de terror que recuerda a films como Depredador, donde el miedo está presente pero no lo podemos ver. La violencia psicológica se hace explícita y se devela el secreto que rodea al misterioso hombre invisible, lo que conducirá a un final polémico, sobre todo porque nos deja la duda como hará para trasladarse esta historia al universo cinematográfico de los monstruos de Universal. 

El Hombre Invisible recupera a un clásico del cine de terror, lo lleva a un plano metafórico sobre la violencia de género y sube la vara en relación a todas las películas anteriores del personaje. Terror psicológico y drama en la primera parte, puro suspenso y acción en la segunda mitad. De esta manera Leigh Whannell se posiciona como uno de los directores a tener en cuenta dentro del género, con una propuesta arriesgada pero efectiva. Aunque nada de esto hubiera sido posible de no ser por la brillante actuación de Elizabeth Moss, quien carga con todo el peso dramático y emocional de la película.

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