Host de Rob Savage. Crítica.

El terror se reinventa y se adapta al contexto actual. Desde inglaterra llega la película que utiliza una de las nuevas herramientas de comunicación más utilizadas durante el aislamiento preventivo. Para ver en internet y en algunas plataformas on demand.

Muchas costumbres han cambiado durante esta cuarentena. El teletrabajo es una de las prácticas que se ha implementado para poder continuar con nuestras tareas habituales, así como las clases on line. En ese contexto apareció una aplicación que se ha convertido en la estrella por sobre todas las demás, Zoom. La aplicación, tasada en 15.900 millones de dólares, cuenta hoy con más de 200 millones de usuarios que utilizan la plataforma, pero no solo para trabajar, también para reuniones familliares, cumpleaños o charlas entre amigos. Lo que nunca pensamos es que la misma podría ser usada para sesiones espiritistas y es ahí adonde apunta Host, la producción inglesa que irrumpió de manera sorpresiva en el mundo del terror.

Cinco mujeres y un amigo, se reúnen a través Zoom con una espiritista para dialogar con familiares muertos. Para eso, cada uno debe tener una vela y un objeto que los conecte con el antepasado. Una vez comenzada a sesión una finge tener un ataque de un espíritu del pasado, pero, como con esas cosas no se juegan, esa pequeña broma no será tomada de buena manera por los fantasmas y lo que parecía ser una curiosa sesión espiritista por Zoom se convertirá es una espeluznante pesadilla.

Si hay algo que resulta dificil en este contexto es generar terror, bastante tenemos con un virus invisible que se propaga con una rapidez temible. A eso se le suma el aislamiento, lo que hace que filmar en este contexto una película sea muy dificultoso. Por eso siempre hay que buscar nuevas herramientas para lograrlo. En eso, El Proyecto Blair Witch ha sido precursora en generar terror con videos caseros sobre una falsa leyenda de una bruja y unos jóvenes que se internan en un bosque con su cámara para registrar lo que ahí sucede. A partir de ahí, muchos quisieron imitarla pero nadie la igualó, incluso sagas exitosas como Actividad Paranormal (me cuesta entender las razones de su éxito) no le han llega a los talones al film de Eduardo Sanchez y Daniel Myrick.

Igual que el film de 1999, Host aparece de manera irruptiva y adapta el contexto actual al género de terror de una manera sorprendente. Una cámara fija en un monitor en el que aparecen los seis protagonistas, son siete pero siempre desaparece uno por distintas razones y suenan naturales los motivos. Las actuaciones de quienes participan en la sesión funciona de manera realista, por lo cual, el miedo que irradia cada una a medida que la historia se pone más terrorífica tiene la suficiente potencia como para sobresaltarnos más de una vez.

Por momentos apela al jump scare habitual del género de manera efectiva, pero donde mejor funciona es cuando adapta filtros de las redes sociales, fondos de pantallas y todas las herramientas que se encuentran a disposición de los usuarios de las diferentes redes sociales. Algunos planos son realmente llamativos, como por ejemplo en el una de las jóvenes abajo de una sábana, sobre todo si tenemos en cuenta que los mismos aplican para una web cam.

Host no es una más de todas las películas que salieron en el contexto de cuarentena. Es un film que marca la diferencia en un desarrollo que no solo está construido sobre diálogos o imágenes, apela al sonido y a lo que está fuera de plano para meternos en la aterradora celda de un monitor de notebook. Una original propuesta, que así como es, breve y concisa sabe aprovechar las herramientas que las redes nos dan, en el marco de una historia trillada pero siempre efectiva, la del demonio suelto que busca venganza, salvo que esta vez el terror está dentro del Zoom.

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