La Calle del Terror Parte 2: 1978 de Leigh Janiak

Luego del estreno de 1994, la segunda parte de la trilogía basada en los libros de R. L Stine llega el 9 de julio a la plataforma Netflix.

TED SUTHERLAND es NICK y SADIE SINK es ZIGGY en la segunda entrega de La Calle del Terror. Cr: Netflix © 2021

Más allá de ser un film liviano dentro del género, la primera parte de La Calle del Terror nos dejó un sabor agradable en el paladar de los amantes del género. El homenaje al slasher de los 90 (solo se le puede criticar la falta de humor), la nostalgia musical y la estética Stranger Things hicieron que sea una sorpresa dentro de la plataforma. Si a eso le aportamos la historia juvenil (propio de la literatura de R.L Stine) y un buen porcentaje de cuchilladas y sangre, la conexión con todos los públicos era de esperar. El éxito fue inmediato, lo que sumado a la expectativa que deja el final de la primera parte, hace que la ansiedad aumente por el estreno de esta segunda parte, la cual llegará el 9 de julio a la plataforma.

Esta segunda parte continúa luego de los sucesos de 1994, Sam (Olivia Scott Welch) ha sido poseida por la bruja Sarah Fier. Su novia, Deena (Kiana Madeira), se niega a asesinarla para salvar su vida, por la ata y, junto a su hermano Josh (Benjamin Flores Jr.), deciden hacer lo posible para sacarle a la maldición del cuerpo. Para ello, se ponen en contacto con Cindy Berman (Gillian Jacobs), la única sobreviviente de Shadyside en la masacre del Campamento Nightwing de 1978. En un principio se niega a recibirlos pero ante la insistencia de los jóvenes, Cindy accede a colaborar comenzando a narrar los trágicos sucesos de ese verano.

En 1978, Camp Nightwing está dividido en campistas que vinieron del pueblo oprimido de Shadyside y consejeros que vinieron del próspero pueblo de Sunnyvale. Cuando los horrores del pasado de ambos pueblos cogen fuerza, estos dos grupos deberán unirse para resolver un misterio terrorífico. Allí estarán Cindy (Emily Rudd) y su hermana, Ziggy (Sadie Zink), una luchando por ser aceptada por los jóvenes de Sunnyvale; la otra peleando contra el bullying a la que las chicas del pueblo vecino la someten. Ambas deberán unirse para luchar contra otro joven de Shadyside poseido por Sarah Fier que comienza un sangriento raid asesino por todo el campamento.

Así como la primera parte evocaba el slasher de los noventa, esta vez le toca al subgénero pero de los 70 y 80. La influencia de Jason Vorhees y de Leatherface se hace presente dentro de la trilogía. El cuchillo, que era el arma asesina de 1994, es reemplazada por el hacha, en manos de Toomy Slater (McCabe Slye), el joven novio de Cindy poseido por Sarah Fier. Esto le permite a la trilogía ganar en brutalidad lo que, para sorpresa de muchos, hace que la violencia y el gore se presenten en mayor medida que su antecesora, en un digno homenaje a los viejos clásicos del subgénero, como Friday 13th y The Texas Chainsaw Massacre. Lo mismo que el barrio es reemplazado por el bosque, por lo cual la oscuridad está presente y las luces de neón de la primera ya no están.

La música vuelve a ser el elemento de transición para conectar los hechos de 1994 y 1978. En la primera aparición de C. Berman, The Man Who Sold The World de David Bowie (curiosamente de los 70), suena en un principio en la versión unplugged de NIrvana, referente de los 90. Pero a partir de situarnos en el campamento el espíritu setentoso se presenta con canciones de Neil Diamond, The Runaway, Cat Stevens, Lou Reed, Buzzcocks, Foghat y muchos más de la época, lo que hace que la banda sonora sea, nuevamente, uno de los puntos más altos de la trilogía.

Esta vez, la presencia de Sadie Sink (la carismática Max de Stranger Things) le aporta más presencia dramática al film y eleva la apuesta actoral. Bien secundada por Emily Rudd como su hermana y Ryan Simpkins, en el papel de Alice, la joven rebelde de hormonas revolucionadas enfrentada con su vieja amiga Cindy. Lo mismo que todo el elenco juvenil presente dentro del campamento, en el cual curiosamente solo mueren los de Shadyside.

La Calle del Terror Parte 2: 1978 nos mete de lleno en la maldición de Shadyside y nos presenta con mayor precisión de que trata la misma y su origen. Redobla la apuesta en sangre y violencia, pero sobre todo en intensidad, mientras que sus giros en la trama la hacen mucho más atractiva que la primera, dejándonos grandes expectativas para saber su desenlace en el año 1666, curiosamente, el año de la Bestia para la creencia judeocristiana.

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