El Conjuro 3: El Diablo Me Obligó a Hacerlo de MIchael Chaves. Crítica.

Llega la tercera entrega de la saga creada por James Wan y la octava del universo del conjuro, esta vez a cargo del director de La Maldición de la Llorona.

Patric WIlson y Vera Farmiga vuelven a protagonizar esta nueva entrega de El Conjuro.

Si hay algo que tiene de bueno el universo de El Conjuro, es que en todas sus películas (salvo la primera Annabelle, la más floja del universo) queda dando vueltas esa sensación de que los hechos paranormales que se suceden tienen que ver con algún trauma del pasado reprimido o cuestiones psicológicas de quien experimenta los eventos. Así sucede en la primera, donde el fantasma de los mandatos sociales y el patriarcado queda flotando en el ambiente donde la ama de casa, madre de cinco hijas es poseída por un demonio. Algo parecido pasa en la segunda parte, donde vemos a una madre soltera luchar contra un fantasma, mientras pelea contra la ausencia y el abandono del padre de los hijos. Todos los eventos siempre se suceden dentro de un contexto problemático que parecen funcionar como disparador encubierto que dan a entender que los eventos pueden tener relación con lo paranormal.

Esta tercera entrega es la primera sin su creador, James Wan, uno de los grandes directores de terror contemporáneo, abocado en este momento a la realización de la segunda parte de Aquaman. Para suplir su ausencia, convocaron a quien dirigió La Maldición de La Llorona, última película del universo, MIchael Chaves. El guión está basado en un hecho sucedido el 24 de noviembre de 1981, en Brookfield, Connecticut, cuando Arne Cheyenne Johnson fue condenado por homicidio en primer grado al asesinar a su casero, Bruno Bono, supuestamente por una posesión demoníaca.

Nuevamente tenemos a los especialistas en eventos paranormales, Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga, respectivamente), esta vez luchando contra la posesión de un niño por parte de un demonio. En la secuencia inicial excelente donde nos presenta a todos los personajes que formarán parte del relato vemos a los Warren luchar contra la posesión diabólica de un niño. La misma termina con Ed siendo víctima de un paro cardíaco inducido por el ataque de la criatura poseída. Pero el calvario para la familia no terminará ahí, Arne Johnson (Ruairi O’Connor), el novio de la hermana del niño es poseído por la entidad y cometerá un homicidio por la influencia del demonio. Dejando de lado el terror de las primeras, esta vez Ed y Loraine se meten de lleno en la investigación del hecho para demostrar que el asesinato de Bruno fue involuntario. Así recorren otros casos, que pueden tener conexión con el asesinato y así poder demostrar la inocencia de Arne.

La química entre Patrick Wilson y Vera Farmiga sigue latente; nuevamente ambos construyen un matrimonio fuerte que continúa siendo el atractivo principal de la saga, pero más allá de eso no hay mucho más. Solo un par de momentos de terror bien logrados, con todos los clichés del cine de posesiones que sirven darle forma a la clásica . Esto no quiere decir que la película no sea buena, tiene mucho dinamismo, resulta interesante ver como se suceden los hechos y que fue lo que motivó a Arne a cometer el homicidio, pero no tiene la mística de las dos primeras. Los elementos clásicos de la saga siguen estando, las posesiones, las maldiciones, pero esta vez quedan fuera la aparición de referencias a otros hechos del folcklore de los Warren o del terror inglés. En la primera estaba la leyenda de Annabelle, en la segunda la leyenda inglesa de El Hombre Torcido e incluso una reconstrucción fantástica de los asesinatos en la casa embrujada de Amityville en Nueva York. Acá ese tipo de referencias brillan por su ausencia, de la misma manera que el trauma que permitan dibujar una teoría sobre porque suceden los hechos paranormales, se insinúa un deseo de Arne por irse de la ciudad y un amor prohíbido entre dos mujeres, pero termina siendo muy débil como para atribuirle la culpa del asesinato.

Se dice que para que una mesa tenga resistencia es necesario que las cuatro patas estén bien firmes. En este caso falta una de los sostenes fundamentales de la saga, nada más y nada menos que el director y creador, James Wan. Las otras patas clásicas de la saga funcionan (las actuaciones, la historia y la ambientación), pero hay una que no está del todo firme y eso repercute en el producto final. ya que esta nueva entrega de El Conjuro 3 es solo una decente producción de suspenso y de investigaciones paranormales que está muy lejos de tener la calidad de sus ediciones anteriores.

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