La Rueda de la Fortuna y la Fantasía de Ryusuke Hamaguchi

Nuestra puntuación

Luego de ganar el Óscar a mejor película extranjera por Drive my Car, se estrena en cines otra película del director japonés.

Como siempre ocurre con el cine asiático cuando se hace famosa alguna película por ganar un Óscar, detrás de ella se viene un repaso por la filmografía anterior del director. Pasó con Bong Joon-ho luego de obtener la estatuilla por Parasite y ahora vuelve a suceder lo mismo con Hamaguchi. Pero en este caso se da una situación particular, ya que La Rueda de la Fortuna y La Fantasía se estrenó en el mismo año que Drive My Car, por la tanto tenemos Hamaguchi por partida doble: la ganadora del Óscar en Mubi y esta en cines argentinos. Con la salvedad que, lo que tenemos aquí es más una antología de tres cuentos distintos que un largometraje, aunque los capítulos están vinculados en tema y estilo, si no en personajes y trama.

El primero sigue a Meiko (Kotone Furukawa), una modelo que descubre que su mejor amiga, Tsugumi (Hyunri), ha comenzado a salir con su exnovio, Kazu (Ayumu Nakajima). Imaginarlo con otra persona reaviva un anhelo que ella pensó y está tentada a meterse en medio de su relación. El segundo capítulo trata sobre Nao (Katsuki Mori), un ama de casa que ha regresado a la universidad para seguir la carrera que abandonó. Ella se propone seducir al profesor Segawa (Kiyohiko Shibukawa), al principio con malas intenciones, aunque rápidamente acepta la fascinación genuina que siente por el académico que de otro modo sería ajeno. Por último, el capítulo final presenta a Natsuko (Fusako Urabe), una ingeniera solitaria que asiste a una reunión de ex alumnos de la escuela con la única intención de reconectarse con su primera novia, Aya (Aoba Kawai), quien la dejó por un hombre y ahora está casada y tiene hijos.

Hamaguchi, al igual que Happy Hour y Asako I & II, sus anteriores películas, se mete en el universo femenino y lo explora de manera instrospectiva, casi analítica. Esta vez, el romance es el claro tema común en estas tres historias, pero el arrepentimiento también es un hilo que conecta a las tres mujeres protagonistas: cada una a su manera, se ven obligadas por las circunstancias a reflexionar sobre el camino que no tomaron. No se trata de si una elección de vida específica fue correcta o no, sino de aceptar el hecho de que puede que no haya habido una respuesta correcta en absoluto.

El film se convierte así en un estudio de personajes lento de tres mujeres que exploran sus complejidades casi exclusivamente a través del diálogo. Pero, lejos de ser aburrido, logra mantenernos absortos en todo momento, aunque el diálogo tiene esa cualidad forzada y de análisis excesivo. Las conversaciones fluyen orgánicamente de un tema a otro, de modo que rara vez nos damos cuenta de que estamos viendo una sola conversación de quince minutos. Como en Drive My Car, Hamaguchi favorece las tomas largas y las amplias que muestran a ambos participantes al mismo tiempo, pero sabe acercarse a los primeros planos durante los momentos dramáticos claves. 

La Rueda de la Fortuna y la Fantasía es una película de conversaciones lánguidas y prolongadas que pueden resultar tediosas para aquellos espectadores que estén acostumbrados a catarsis bien enunciadas, pero el encanto de sus personajes y la absorción a la que nos lleva cada una de las historias que van relatando hacen que las dos horas se pasen volando para aquellos que disfrutaron las tres horas de Drive My Car.

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