Soul de Pete Docter. Crítica.

El mejor regalo navideño llegó de la mano de Disney+ con el estreno de la nueva y esperada película de Pixar de este 2020.

Un cuadro de Picasso, el universo de las almas forma parte de la nueva estética de animación de Soul.

Pixar vuelve a meterse de lleno en cuestiones existencialistas del ser humano. De la misma manera que lo había hecho con películas como Up e Intensamente, el director Pete Docter conoce el paño mejor que nadie y nuevamente vuelve a deleitarnos con una maravillosa mirada sobre la desconexión emocional de un soñador e infeliz profesor de música.

La película comienza con Joe Gardner (Jamie Foxx), un director de orquesta de medio tiempo de la escuela secundaria que intenta enseñar a sus estudiantes a tocar “Things Ain’t What They Used To Be” compuesta Mercer Ellington, pero famosa por la interpretación de su padre Duke Ellington. Al igual que el compositor, Joe nunca ha podido emerger de la sombra de su padre, aunque este era más un artista luchador que una leyenda del jazz. El protagonista nunca se imaginó a su edad estar enseñando en un salón de clases lleno de niños aburridos y desapasionados de la música. Encima, al igual que su padre fallecido, el pianista depende económicamente de su madre, Libba (Phylicia Rashad), una costurera que dirige una sastrería. Ella lamenta que se haya convertido en un hombre de mediana edad que todavía le lleva la ropa a lavar.

El ofrecimiento de trabajo de profesor a tiempo completo con pensión y prestaciones lo pone en una bifurcación sobre el camino a seguir. Joe deberá decidir entre renunciar a sus sueños de ser un prestigioso música o la estabilidad económica tan esperada. Pero en el mismo momento en que se resigna a aceptar el trabajo, recibe una llamada de Curley (Questlove), un ex alumno que le dice que necesitan un pianista para tocar esa noche con Dorothea Williams (Angela Bassett), una famosa cantante de jazz..

Joe brilla en su audición y es convocado para tocar en vivo, pero justo cuando parece que por fin su sueño se va a cumplir por una alcantarilla de Nueva York. A partir de allí el film dará un giro psicodélico, ya que caerá en un vacio cuántico donde las almas se encaminan a la tan mencionada luz de Victor Suerro. Joe se transformará en un avatar fantasmal que se niega a irse de la vida sin haber aprovechado su oportunidad en la tierra. En esa fuga desesperada caerá en el la previda donde conocerá a 22, un pequeño avatar que se niega a ser el alma de un ser humano.

Con esta premisa existencialista, que en muchos aspectos conecta con La La Land (el jazz, un soñado proyecto y no traicionarse a uno mismo) y a las películas de Woody Allen (su filosofía, el jazz y New York), Pixar logra componer su película más profunda y universal de su filmografía. El disparador de la muerte del protagonista en un principio hace que pensemos que abordará el tema que tanto obsesiona al ser humano «¿Qué hay después de la muerte?». Pero no elige enfocarse ahí sino que decide tomar otro camino, hablar sobre la vida y las elecciones que tomamos. así como la frustración por no concretar nuestros sueños nos lleva a no vivirla y valorarla como es debido.

En el rubro de la animación, Pixar vuelve a demostrar todo su mágico bagaje de recursos para entregarnos una New York impecable y un mundo de almas impresionante, donde el nivel de detalles, como siempre, es increíble. Pero donde sobresale por sobre sus anteriores producciones es en el plano musical. El nombre de Trent Reznor & Atticus Ross (Mank, The Social Network, Mid´s 90) nos hacía presagiar que algo bueno podía pasar por el lado musical, pero no al nivel superlativo que nos encontramos en Soul. El film luce una partitura de jazz compuesta por Jon Batiste que no es solo un adorno de la historia o una mejora emocional, sino una parte integral de la narrativa . Al igual que las composiciones de Reznor y Ross, utilizando sonidos rítmicos new-age durante los segmentos metafísicos de la película, que le dan una atmósfera lisérgica y espacial alucinante.

Pete Docter se vuelve a lucir como narrador emocional en Soul, con una profunda reflexión sobre los sueños no cumplidos, sobre el goce de las pequeñas cosas que nos da la vida, representada en esos pequeños objetos que 22 irá recolectando en el mundo real. Los amigos, la familia, las pequeñas cosas de la vida que nos hacen felices, el ayudar al otro y apreciar el talento ajeno; todo lo que forma parte del universo existencial que nos presenta este nuevo clásico de Pixar que funciona como un bálsamo necesario para este momento y la ubica entre lo mejor del año de este nefasto 2020.

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