Toy Story 5: crecer en tiempos de tecnología

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Dirigida por Andrew Stanton, este jueves se estrena en cines una nueva entrega de la clásica saga animada creada por los Estudios Pixar.

Siete años pasaron desde Toy Story 4 y Pixar vuelve a uno de los universos más queridos de la historia del cine animado. Una saga que supo crecer junto a su público: una primera película que revolucionó la animación y presentó a Woody, Buzz y compañía, posicionando a Pixar en la cima de la animación; una segunda que profundizó en el pasado y la identidad de Woody; y una tercera que encontró uno de los cierres más emotivos del cine familiar con la despedida de Andy de sus juguetes. La cuarta entrega quizás no alcanzó la altura de aquella trilogía perfecta, pero dejó abiertas nuevas posibilidades para seguir explorando este mundo.

Esta vez, la historia vuelve a apoyarse en uno de los temas que siempre definieron a Toy Story: la identidad. Pero el foco ya no está puesto exclusivamente en Woody (voz de Tom Hanks) o Buzz Lightyear (Voz de Tim Allen), sino en Jessie (Joan Cusack), que se convierte en el verdadero corazón emocional de la película. Bonnie sigue creciendo rodeada de sus juguetes favoritos, pero la armonía se rompe cuando aparece un elemento cada vez más presente en la vida de los chicos: la tecnología, que se hace presente con una «Lilypad» (Greta Lee), una tablet con múltiples funciones.

Bonnie es una niña introvertida, con dificultades para relacionarse con otros chicos de su edad. Y encuentra un refugio en un grupo virtual de danza al que accede a través de un videojuego. Allí hace sus primeras amistades y comienza a sentirse acompañada. Sin embargo, cuando una serie de circunstancias la llevan a alejarse de sus juguetes, Jessie entra en crisis. Sus viejos miedos al abandono vuelven a aparecer y la impulsan a actuar.

La aventura llevará a los juguetes hasta la vieja casa de Jessie, aquel primer hogar donde vivió Emily, su primera dueña. Allí Jessie descubrirá a Blaze, una niña que vive conectada con la naturaleza, apasionada por los caballos y con las mismas dificultades para hacer amigos que Bonnie. Convencida de que ambas podrían entenderse perfectamente, hará todo lo posible para acercarlas.

Y es ahí donde la película encuentra uno de sus aspectos más interesantes. Lejos de presentar a la tecnología como una amenaza o un enemigo, Toy Story 5 no cae en el discurso anti tecnología y propone una mirada mucho más equilibrada. Las amistades virtuales no son falsas ni menos valiosas. El problema aparece cuando reemplazan completamente el contacto humano. De hecho, será la propia tecnología la que permitirá que Bonnie y Blaze comiencen a conocerse pese a la distancia que las separa. La película entiende que las pantallas pueden aislar, pero también conectar. Todo depende del uso que hagamos de ellas.

En ese sentido, la nueva entrega se acerca más a Intensamente que al espíritu clásico de Toy Story. Hay una exploración psicológica más marcada sobre las emociones, los miedos, la construcción de la identidad y las dificultades que atraviesan los chicos para relacionarse en un mundo cada vez más digital. Quizás por eso conecte más profundamente con los adultos que crecieron con la saga que con los espectadores más pequeños.

Como siempre, el humor funciona. Siguen presentes los chistes de doble lectura, las discusiones entre los juguetes y esa dinámica que convirtió a personajes como Rex, el Señor Cara de Papa y Buzz Lightyear en compañeros inseparables del público durante décadas. Esta vez Woody y Buzz ocupan un lugar más secundario, permitiendo que Jessie asuma el protagonismo que hacía tiempo merecía.

También resulta interesante la incorporación de una nueva propuesta visual para los momentos de imaginación infantil. Las secuencias de fantasía están animadas con una estética de acuarela artesanal que las diferencia claramente de la realidad y aportan una identidad visual muy atractiva.

En paralelo, la película desarrolla una subtrama protagonizada por un grupo de soldados de Buzz Lightyear perdidos en una isla salvaje (¿guiño a Robot Salvaje?). Aunque funciona como motor de aventura y aporta algunos momentos divertidos, se siente menos integrada al conflicto principal y por momentos parece existir más como una excusa narrativa que como una pieza esencial de la historia.

Quizás se extrañe una presencia más fuerte de la música de Randy Newman, una de las marcas registradas de la franquicia (suena “I Knew It, I Knew You” de Taylor Swift, la primera canción original de la saga en ser cantada por otro cantante que no sea Randy). Pero aun así, Andrew Stanton logra construir una aventura cálida, entretenida y emocionalmente inteligente.

Toy Story 5 no alcanza las alturas emocionales de la trilogía original, pero encuentra algo valioso: una nueva forma de hablar sobre la amistad, la identidad y los vínculos en tiempos atravesados por la virtualidad. Y lo hace sin nostalgia vacía ni discursos simplistas. Porque, como siempre ocurrió en esta saga, detrás de los juguetes termina apareciendo algo mucho más humano.

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