Aquellos que desean mi muerte de Taylor Sheridan. Crítica.

Salvo en los cines del AMBA, se estrenó la nueva película del guionista de Sons of Anarchy y Hell or High Water.

Angelina Jolie y Finn Little deben sobrevivir en medio del bosque de unos salvajes asesinos.

Consagrado como uno de los mejores guionista de los últimos años con películas como Sicario, Hell or High Water, Wind River y la serie Yellostone, el nuevo film de como director de Taylor Sheridan era una de las propuestas más esperadas de este año. En sus historias suelen verse retratados los pueblos olvidados de Estados Unidos y es un artista que respeta el aura de las películas con tintes occidentales de estilo antiguo y se puede ver la influencia de maestros como Sam Peckinpah, John Ford, John Huston e incluso Larry McMurtry en sus obras. En Hell or High Water, producción independiente y modesta por la que fue nominado al Óscar por el guion, contaba la historia de dos hermanos sureños que se ganan su vida robando bancos en el desierto de Texas. Mientras que en Wind River, su primer película como director, se trasladó a las zonas heladas de Wyoming para contar la historia de las comunidades indígenas que viven en sectores protegidos, pero cuya protección hace que sean aún más marginalizados y los abusos a las mujeres indígenas, moneda corriente.

Esta vez no es el desierto tejano ni reina la nieve, ya que en su segundo trabajo como director, Sheridan nos traslada a una zona agreste norteamericana para contar la historia de Hannah (Angelina Jolie), mujer que trabaja en el departamento de bomberos de un pueblo de Montana obsesionada por un evento horrible en el que no pudo evitar una muerte trágica y horrible. Ella se verá obligada a luchar por su vida y de sus allegados, cuando se interpongan en su camino dos asesinos que buscan matar a Connor (Finn Little), un joven que tiene información que podría derribar una organización criminal. Hannah se tropieza con el niño en el bosque después de que este logre fugarse una vez que los dos sicarios matan a su padre. No puede haber cabos sueltos, por lo que no se detienen ante nada para perseguir al chico. Los dos asesinos son interpretados por Aidan Gillen (Littlefinger de Game of Thrones) y Nicolas Hoult (The Beast en X-Men: primera generación), dos actores excepcionales. En esta película, a los dos no se les da ningún diálogo y su perfil de villanos están bien marcados. Frío y calculadores, no tienen reparo en matar a quien se les cruza pero toman algunas decisiones insensatas sobre cómo capturar al niño, hacen todo al aire libre para que el mundo lo vea, mostrándose hipercompetentes en el inicio, hasta caer en una torpeza de principiantes en los instantes finales, lo que desdibuja la actuación de ambos.

Esta vez Taylor Sheridan se mete de lleno en el cine de acción, lo que puede atentar contra los que esperan una producción similar a las anteriores, ya que nada interesante se encuentra más allá de la trama de superficie. El director coescribió el guión de la película con Charles Leavitt y Michael Koryta (basada en su propio libro) y, sin embargo, la película se siente como si hubiera sido armada con prisa y filmada sin pensarlo mucho. Su nuevo film es un drama que tiene ingredientes interesantes (buenas secuencias de acción en medio de incendios forestales, excelente fotografía, poderoso sonido ambiente y la convincente actuación de la dupla Angelina Jolie y Finn Little), pero se convierte en un producto desconcertante porque no hay nada más que eso cuando uno escarba en profundidad; sobre todo porque, teniendo en cuenta el curriculum vitae de Sheridan y la convocante presencia de la protagonista, Aquellos que desean mi muerte nos anunciaban un fuego furioso que termina transformándose en un simple show de luces brillantes efectivo para pasar el rato.

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