Moacir y Yo de Tomás Lipgot. Crítica.

Luego de estrenarse en el BAFICI, dentro de la Competencia Argentina, llega a los cines y en simultaneo a la plataforma Cine.Ar el final de la historia del artista popular brasileño.

Moacir y Tomás Lipgot filmaron juntos tres películas.

«Mucha gente suele señalarme todo lo que hice por Moacir, pero nadie habla de todo lo que él hizo por mí”, nos dice la voz en off del director. Luego de filmar tres películas junto a él (Fortalezas, Moacir y Moacir III), Tomás Lipgotaún sufre por la muerte del artista en 2018. El carismático brasilero se niega a ser olvidado y la recuperación de todo el material con el que cuenta, desde el momento en que lo conoció hasta sus últimos días con vida, es una forma de revivirlo.

La cámara sigue a Moacir: dialoga, canta, se enoja y escucha a Tomás, quien muchas veces hace malabares para que este lo entienda. A su vez recoge testimonios de quienes compartieron días con él. Su amor por la música, la incomprensión de la sociedad, su exilio de Brasil y el recuerdo de la madre fallecida de Moacir. Pero Tomás tampoco estuvo al margen de los problemas psiquiátricos, sin ir más lejos, el conoce a Moacir en una internación de un neuropsiquiátrico. Al igual que le pasó a Tomás, el magnetismo por Moacir es instantáneo para el espectador, pero trabajar con él no es fácil. Sergio Pángado, el extravagante productor, da cuenta de los problemas que surgen a la hora de aconsejar a Moacir. Pero no todo era música en la vida de Moacir. También hay una realidad dura detrás de ella, su salud, su pasado en Brasil, la mirada excluyente del otro.

En forma de diario personal, la película nos traslada al mundo de Moacir y nos permite conocerlo en profundidad desde la mirada del director. Pero también nos muestra el valor de Tomás, quien rompe el molde y funciona como nexo entre Moacir y el arte como herramienta inclusiva; este lo aloja, le da la oportunidad de expresarse para hacerse famoso, entendiendo esa dinámica que lo hace feliz. Con la simple idea de montar el detrás de cámara de las películas, diálogos con el artista e incorporar testimonios de quienes lo conocieron, Moacir y yo no solo habla de la amistad, también tiene la habilidad de tocar asuntos cargados de tensión como la marginalidad, la salud mental y los neuropsiquiátricos.

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